PEDRO Y PABLO

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Pedro y Pablo se han propuesto gobernar España. Ninguno de los dos ha ganado las elecciones. Todo lo contrario. Pero eso no importa. Después de cosechar el peor resultado de la historia del PSOE, con 90 diputados, Pedro Sánchez sabe que su supervivencia política pasa inevitablemente por el asalto a La Moncloa. Y aunque tenga que renunciar a sus principios, y traicionar los de su partido, está dispuesto a todo, con tal de alcanzar el poder. Se niega a escuchar las voces que alertan de los riesgos de un pacto con Podemos. Ni siquiera está dispuesto a escuchar las opiniones contrarias de sus propios compañeros, ni las voces autorizadas de históricos dirigentes socialistas que dicen no al pacto con Podemos. 
Quiere llegar al poder, a cualquier precio, valga lo que valga, y cueste lo que cueste. Aún a riesgo de acabar con su propio partido, llevando al PSOE a una situación similar a la del PASOK griego. Pedro Sánchez siente el aliento de los suyos, de los que quieren apartarlo de la Secretaría General del PSOE, y sabe que de esos, solo puede salvarle la Presidencia del Gobierno. Por eso está dispuesto a todo, al entreguismo más absoluto a la izquierda radical representada por un Podemos, que no solo quiere poder, sino que además busca acabar con el PSOE, como ya hizo antes con Izquierda Unida, o con el BNG, aquí en Galicia. Pedro Sánchez tiene sus prioridades. La primera se llama Pedro Sánchez, la segunda se llama Partido Socialista, y la tercera y última, en su escala de valores, se llama España.  Y por eso, Pablo Iglesias, sabe que lo tiene en sus manos, que se hará lo que él diga, que para eso tiene la llave del futuro de Sánchez, y por consiguiente, la llave que le abrirá los ministerios que Podemos codicia. 
Pedro y Pablo tienen por delante un mes de representaciones teatrales, antes de que se convoque la sesión de investidura en el Congreso de los Diputados. De nada vale, los siete millones, trescientos mil votos recibidos por el Partido Popular y Mariano Rajoy. Esos no cuentan. Solo valen los acuerdos de despacho cocinados entre Pedro y Pablo, de espaldas a la ciudadanía, convirtiendo la política y la democracia misma, en una frivolidad. Dudo mucho que los votantes socialistas hubiesen dado su voto a Pedro Sánchez, sabiendo lo que hoy saben y viendo lo que hoy ven. Pedro y Pablo son todo un peligro para este país. 
 

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