No será por no estar avisados

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Quién se acuerda de aquellos días de vino y rosas de 2006 con Rajoy fanfarroneando de haber conseguido 4 millones de firmas para proponer al Congreso un referéndum, ironías del destino, contra la reforma del Estatuto catalán? Total, poco tenía que perder allí y mucho que ganar en otros lugares, razonaría nuestro ilustre Presidente. Pues mire donde estamos, con la completa desafección de los catalanes de la que se aprovechan los oportunistas secesionistas.

Por eso, poco importaba el resultado del tragicómico referéndum ilegal sin junta electoral ni censo. Qué más tiene, si la mayoría secesionista ya había despreciado al Parlament en las vergonzosas sesiones de agosto con la aprobación de las inaplicables leyes de referéndum y transitoriedad. La suerte estaba echada. La declaración unilateral de independencia se ponía en marcha, en palabras de Puigdemont, que vilipendia la democracia, la Constitución, el Estatuto catalán y a todo aquel que discrepe de las opiniones separatistas, dividiendo y enfrentando a la sociedad catalana.

Por otra parte, no se entiende la actitud de Rajoy abdicando de sus responsabilidades políticas en jueces y fiscales y la descoordinación de Interior en el despliegue de los dispositivos de seguridad ciudadana que provocó una actuación policial caótica, precisamente el día que se necesitaba más profesionalidad y cordura.

Su actuación facilitó el vergonzoso acoso que están sufriendo las Fuerzas de Seguridad del Estado por hacer cumplir las resoluciones judiciales. Igual que tampoco se entienden las reprobaciones al Gobierno Central en este momento, pues con la convivencia rota, sobra la discordia política.

El conflicto ya salió del ámbito catalán, afecta a todo el Estado. En el País Vasco se está mirando atentamente el “procés” y en Galicia el BNG empieza a abrazar el discurso independentista.

A su vez, Europa le ve las orejas al lobo tras el Brexit, el caso escocés y teme cómo puedan reaccionar los territorios europeos sensibles a lo que está ocurriendo en Cataluña.

Estamos en el día después y nadie sabe cómo reconducir esto. Solo el Jefe del Estado pronunció un discurso coherente exigiendo la restauración del orden constitucional en Cataluña y no sé a qué esperan nuestros políticos, todos, para unir esfuerzos en favor de la convivencia. En primer lugar, reponiendo aquél; luego, abordando la ya inaplazable reforma constitucional para dotarnos de un nuevo pacto territorial que, entonces sí, requerirá el voto, pero el de todos los españoles.

ramonveloso@ramonveloso.com

 

No será por no estar avisados