El casting del silbido

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TORRA está jamado, pero no es tonto. Es capaz de expresar ideas, ideas disparatadas, eso sí, pero las expresa, incluso por escrito. Lo que significa que disfruta de ciertas dotes para el aprendizaje y eso fue precisamente lo que hizo en la inauguración de los Juegos Mediterráneos: aprender. Se enteró de que hay catalanes que aplauden el himno nacional –nacional de España, ¡eh!– y al rey. Son los mismo que le silban al president, porque menuda pitada se escuchó en el estadio. Eso es duro, muy duro, para un nacionalista, a quien lo que más le repugna es que haya gente tan zafia que no solo no comparta sus ideas, sino que no quiera ser como él. Pero el pobre debió de tragar tanta bilis que horas después aún no se había repuesto del ácido atracón y la consejera de Presidencia, Elsa Artadi, tuvo que denunciar que el Ayuntamiento de Tarragona había hecho un casting de desafectos al régimen y había plantificado en las gradas a los más españoleiros de todos para que abucheasen a su jefe. Después se zampó un bocata de butifarra y tan feliz; ¡ah! y para Torra sal de frutas.

El casting del silbido