MARICONSÓN

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Que un imitador de voz (un cualquiera al efecto), pueda llamar al teléfono del despacho del extinto (solo en el cargo), Presidente Rajoy, es de coña. Yo me despeloté. Tal parece que ese número venga en las páginas amarillas, como los fontaneros, pintores, o contactos de índole sexual, de libre acceso. Luego nos extrañará  que  Obama, oiga las conversaciones que le salgan de sus negros ovoides, en su propia Sala Oval, de los “líderes europeos”. Pero éste de Rajoy no es el primer caso de llamadas simuladas. Recuerdo una de un imitador de Hugo Chávez (el cual aun estaba vivo), al (también, todavía vivo, carajho), Comandante cubano Castro. Cuando el periodista  descubrió el engaño, ni corto ni perezoso el Comandante Castro, muy cabreado y sin cortarse un pelo, le llamó “mariconsón”. Claro que, en el caso de Rajoy, tal actitud está fuera de lugar. Y es que es muy correcto. Nunca tira piedras a su propio tejado.     

MARICONSÓN