¿Una calada, Mariano?

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Asomado al balcón leía la “¡Epa!” del vecino y colega Julio C. López y, como él, me preguntaba de que se reía el presidente Rajoy al conocer los datos de la EPA que nos ponen delante de un panorama insufrible hoy y desolador mañana. Y eso, los parados, los niños sin comer lo suficiente, los hogares sin ingreso alguno y el aumento de las desigualdades que denuncia la Europa rica, le hace gracia. Lo pone. Lo pone contento. Creo, con Julio, que el presidente del Gobierno, contentísimo con esos datos de la encuesta de población activa estaba bajo los efectos de alguna pócima, un alucinógeno, un trippy, algo que lo dejó colocado y descoloca al personal que no se cree, pues su fe no llega a tanto, que los datos de la macroeconomía tengan otra lectura que de la constatar que los ricos son más ricos y que los pobres son cada vez, tienes razón, Julio, más. Más y más pobres.
Nos contaba Julio en su artículo que puede entenderse que el pico que va entre los seis millones de parados y los cinco millones novecientos mil que hoy suman las estadísticas, marca la diferencia de una persona como Mariano, pero si la diferencia está en el pico tengamos en cuenta que lo del pico son palabras mayores.
Y en Lalín, lejos de la algarabía de las víctimas por las preferentes, los cabreados por los recortes y los hundidos en las listas del paro y los refugiados en los comedores de Cáritas, aseguró que pronto vendrán buenas nuevas. Y lo dijo al lado del empresario Cañete, otro de los beneficiados por los sobres del partido, tal como conoce el juez a través de la contabilidad oficial del PP y por sus contratos con el Gobierno que, manda carafio, se olvida de ponerlo en las hojitas que para tal menester reparten en el Congreso. Estos chicos del PP son así de olvidadizos: un juez que trabaja en el máximo órgano de la justicia se olvidó de contarnos que tenía carné del partido y otra jueza su antiguo chollo en Caja Madrid gracias a su militancia en el Partido Popular.
Parece ser que también Feijóo está contento con la situación y anuncia la puesta en marcha de otros tropecientos parques industriales a unir a los centenares que dejó Fraga y vienen a ser como el aeropuerto de Castellón.
Vale. Demos una caladita.

¿Una calada, Mariano?