Gustos y modas

|

Guillermo Oncken, autor alemán del siglo XIX, escribió una monumental Historia Universal de 16 tomos. Se trata de volúmenes de 700 u 800 páginas cada uno a doble columna y en letra pequeña. Una obra colosal que abarca la historia de todas las civilizaciones que en el mundo han sido, y han sido muchas. Oncken no hizo como otros autores europeos, que llaman historia universal a la Historia de Europa, dejando en un lugar secundario a los demás pueblos. Esta visión parcial tiene su máxima expresión en buena parte de la historiografía francesa, por lo general bastante chovinista. François Guizot, contemporáneo de Oncken,  enseñaba a sus alumnos de la Sorbona que toda civilización había nacido en Francia o tenía que pasar por ella para triunfar.Volviendo a la Historia de Oncken, al margen de lo indigesta que pueda resultar para la mayoría una obra de tal envergadura, tiene una peculiaridad que sigue haciéndola particularmente atractiva: los dos últimos tomos están dedicados a la historia del traje. Las reproducciones no solo de vestimentas sino de todo tipo de adornos y utensilios de distintas épocas son realmente magníficas. No hay nada más ilustrativo que poder comprobar cómo eran las ropas, los menajes, las armas y los tocados en tiempos remotos y no tan remotos.
Desde luego hay para todos los gustos, empezando por la sobriedad un poco sofisticada de los egipcios hasta los complejos trajes y miriñaques del siglo XVIII. Pantalones y sayas, hábitos religiosos y armaduras de guerreros, andrajos y túnicas reales. En fin de todo lo que a través de descripciones o representaciones gráficas nos ha llegado desde tiempos muy remotos. Por supuesto también utensilios y piezas únicas de museo, quien vaya a Burgos que no deje de ver la aljuba y el birrete de don Fernando de la Cerda, piezas únicas del siglo XIII, hechas de seda, hilos metálicos, vidrios, aljófares y cabujones que forman un tejido bordado, troquelado y engastado. De lo poco que los gabachos no consiguieron saquear de nuestros palacios e iglesias durante la invasión napoleónica.
En todo caso, una historia del traje como la de Oncken puede ayudar también a reflexionar sobre las posibilidades y gustos que tuvieron nuestros antepasados a la hora de vestirse, comparadas con las que tenemos ahora. Antes predominaban las dificultades: la mayoría se limitaba a taparse como podía y el buen o mal gusto quedaba para los pudientes. Hoy, por lo menos en occidente, no tenemos tantas dificultades pero la moda impone determinados gustos, por lo general bastante discutibles, poco originales y más o menos pasajeros, como el peinado en plan “indio mohicano”; aunque siempre nos quedarán piercing y tatuajes.

Gustos y modas