Violencia de género

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ras la publicación de la sentencia del proceso al procésel, y el subsiguiente cristo de la semana santa posterior, se han vertido innumerables opiniones por tanta gente política sesuda y sin seso, e innumerables comentaristas televisivos y radiofónicos, periodísticos, entrevistados y espontáneos, que no me atrevo a decir nada porque seguro que alguien ya lo dijo antes. La situación catalano-hispánica es tan tensa como en un matrimonio sin amor en el que además la convivencia es imposible. Ella (Cataluña), quiere el divorcio, y él. (el Estado), dice que no. En esta situación, no es descabellado que la cosa vaya a parara a los tribunales (hay antecedentes y “juridisimprudencia”) que, lejos de solucionar las cosas razonablemente, empezaron y terminaron a hostia limpia propiamente dichas. De nada sirven peticiones y órdenes de acercamiento ni  alejamiento, ni tampoco los sabios consejos de suegras y suegros; y puestas así las cosas, es más que previsible que si Alá no lo remedia, alguien termine por llamar al 016. Y como no deja registro de llamada en la factura, nunca sabremos si fue ella o él, quien llamó por un grave caso de violencia de género.

Violencia de género