PAPEL ESTRUJADO

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La tragedia ocurrida días pasados en El Orzán –sombra alargada que palpitará mucho tiempo sobre La Coruña- nos mete de lleno en la muerte y su comparecencia ineludible. Cualquier situación, conferencia, película o simple lectura nos obligan a aceptar una partida de naipes perdida de antemano. Sin cartas marcadas. Únicamente la esperada inesperada, que aguarda solícita y exigente. Vidas arrebatadas en aguas arremolinadas. Charla en el centro Fonseca destripando esa pintura naïf de la muerte hogareña, escamoteada hoy por un lifting aséptico al cadáver y su exhibición social en una funeraria. La versión cinematográfica “Descendientes”, estudio exhaustivo y tenaz programando un final irreversible. O un libro, “La pasión de José Antonio” –autor José María Zavala–, que desmitifica al fundador de Falange Española, fusilado en Alicante el 20 de noviembre de 1936. Un primo de Rivera rescatado de la propaganda oficial.

Tiempo de papel estrujado que desembocará en cónica de muerte anunciada. Ante ella sólo cabe el estoicismo

 

“La muerte llama, uno a uno… sin olvidarse de ninguno –recordaba Camilo José Cela en “Pabellón de reposo”– y los que ahora vamos librando… jamás llegamos a creer que fuera con nosotros, algún día, su cruel designio”. Es la agenda-calendario donde apuntábamos en la niñez los acontecimientos diarios conforme descubríamos al mundo. Y que continuamos escribiendo, mal que nos pese, durante la juventud y madurez. Tiempo de papel estrujado que desembocará en cónica de muerte anunciada. Ante ella sólo cabe el estoicismo. Hacerle frente con buena disposición. Saludándola como florecilla franciscana.

Efímero corolario: crespones de tragedia pública. Almas enlutadas. Proyección cinematográfica muy reflexiva. Conferencia aleccionadora con vivencias actuales. Lectura curiosa –reportaje de revista de corazón- intentando comprender aquel señorito despreciado por la izquierda y negado por la derecha.

PAPEL ESTRUJADO