El elogio de la lavandera

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Caminar aprovechando la dilatada huella del buey es el secreto de la lavandera para lucir un plumaje inmaculado aun cuando camina entre el barro. 

La imagen me parece idónea para abordar el corto pero intenso recorrido del borrador de la ley de libertad sexual redactado por el ministerio de Irene Montero, ella, al igual que la Motacilla alba, ha avanzado por este lodazal sin manchar su recién estrenado terno ministerial porque lo hace sobre la poderosa huella del buey de la exaltación popular, propenso al exceso, y que le recomiendo abandonar en favor de la del ave.

Legislar en este ámbito exige un enorme tacto pese a hacerlo sobre delitos odiosos y que han de estar gravemente penados. Crímenes que atentan contra algo más que la libertad sexual, la integridad física y psíquica de quienes los sufren, especialmente, mujeres. 

No caben espacios de impunidad porque no es discutible nuestro derecho a mantener relaciones con quien nos plazca, y no ser jamás objeto de la apetencia de cualquier degenerado que se cree en el derecho de hacernos rehén de sus deseos. 

Razón por la que elogio la voluntad de conseguir que cualquier mujer pueda circular por nuestras calles sola, sobria o borracha sin que ello suponga menoscabo en la defensa de sus derechos. 

Sería necesario que en esta tarea todos los grupos abandonasen la ruta del buey y caminasen por la sutil senda de la lavandera, nos va en ello el grácil plumaje de la libertad.

El elogio de la lavandera