POLÍTICAMENTE INCORRECTOS

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Los debates políticos en televisión siempre me han recordado más a un combate de Pressing Catch que a uno de boxeo. Desde que el asesor del político ha entrado en danza, poco margen queda para la realidad y los enfrentamientos son un toma y daca encorsetado en el que se han pactado de antemano los temas, el escenario, la vestimenta y hasta el número de veces que se puede carraspear por contrincante. Mucho papel, mucho dato y poco combate, que es lo que el público querría ver: sangre sobre la lona.
Parece ser que a Miguel Arias Cañete le daba cosa eso de zoscarle duro a una mujer, algo que seguramente le recomendaron sus asesores, pero no porque fuera superior intelectualmente a Elena Valenciano, puesto que alguien que esgrime ese argumento queda automáticamente descalificado por insensato o por haber dado positivo en la prueba de doping de orujo.
Igual que en un chiste malo: cuanto más lo explicas, más la cagas.
Lejos de mi intención defender al candidato popular, aunque también me agota ese maniqueísmo típico de las redes sociales en el que cada día se busca una víctima y, tras unas palabras más o menos afortunadas, se cogen hoces y horquillas y se le lincha en la plaza del pueblo antes de que pueda decir “lo siento mucho, me equivoqué, no volverá a ocurrir”.
Con este percal y todos los asesores de imagen al borde del infarto, no queda ni un resquicio mínimo para la espontaneidad. Los candidatos, estos y cualquier otro, miran los papeles, estudian los gestos y dicen lo que les mandan.
Lo cual hace prácticamente imposible saber lo que piensan en realidad. Pocos políticos hay que, con una grabadora encendida, respondan a lo que les preguntas. “¿Será candidato en las próximas elecciones?”.
Les invito a una caña si encuentran a uno que conteste otra cosa que no sea “si los ciudadanos y mi partido así lo deciden, estaré encantado”.
Por eso es tan aburrida la política hoy en día, porque ninguno se sale un milímetro del guión. Largas perífrasis que no dicen nada para lo que se puede contestar con un “sí” o un “no”.
Solo rara avis como Esperanza Aguirre, José Bono o Francisco Vázquez, por ejemplo, dan titulares, para regocijo de los periodistas.
Al margen de su buen o mal hacer, al menos sabemos qué piensan. Porque son políticos, pero políticamente incorrectos. 

POLÍTICAMENTE INCORRECTOS