Crispación sin precedentes

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No erraron un ápice los cronistas del momento cuando ya en los mismísimos comienzos de la legislatura auguraron para el Pazo do Hórreo un tiempo crispado y borrascoso. Y así está siendo. Desde finales de noviembre pasado en que se inició la novena etapa parlamentaria hasta el día de hoy la Cámara legislativa gallega sólo ha conocido el sosiego en los tiempos de vacaciones.  
Desde entonces acá, rara ha sido la sesión plenaria limpia de broncas e incidentes varios. Desde entonces acá se han sucedido los desalojos de la tribuna de invitados, las suspensiones temporales del debate en curso, las salidas de la sala de diputados y grupos parlamentarios, las exhibiciones de camisetas y carteles reivindicativos de todo signo y color, los acosos físicos a los diputados en sus propios escaños, las consiguientes llamadas al orden por parte de la sufrida presidenta de la Cámara, los abucheos, los malos modos. Y las palabras gruesas. La cortesía parlamentaria es una perfecta desconocida. Todo ello está haciendo de esta novena legislatura la más agitada de todos los periodos de sesiones anteriores.  
Habrá que decir también para ser justos que esta crispación y enrarecido ambiente parlamentario tienen un preferente nombre  muy propio. Me refiero al grupo parlamentario de Alternativa Galega de Esquerda (AGE), con su portavoz, Xosé Manuel Beiras a la cabeza. Las descalificaciones gruesas inundan las intervenciones tanto del veterano dirigente nacionalista como de prácticamente todos los demás componentes del grupo. Otros los siguen, pero a cierta distancia.
Núñez Feijoo no sólo es –para los primeros– un repetido “narcopresidente”, sino todo un “chulo de barra americana”, un “macarra”, un “mamarracho”. Y así sucesivamente. La conselleira de Traballo, una “tratante de esclavos, que lleva a los trabajadores a los peores años del franquismo”. El titular de Educación, un “ángel exterminador” por su políticas en el rural. La bancada popular, “fascistas” todos; “franquismo sin Franco”. Y el propio Parlamento, una “cámara de gas virtual”. Después de escuchar lo escuchado, que a alguna diputada de AGE la repliquen llamándola “fea” o “perfecta ignorante” no debería ser motivo –creo– para rasgarse las vestiduras.
Cierto es también que este crispado ambiente supera los muros del Pazo do Hórreo para trasladarse también al debate extraparlamentario y a la vida política general. El ejemplo más reciente bien puede ser la extemporánea y desmedida reacción de la oposición ante el primer y cándido auto del TSXG sobre el cumplimiento de la sentencia del decreto de plurilingüismo.  
Hace, pues, bien el presidente Feijóo en intentar poner fin –dentro de lo que esté en sus manos– a esta escalada de radicalización que se respira en la vida política. ¿Lo conseguirá? Muy mucho me temo que no. Entre otras consideraciones porque no se pueden pedir peras al olmo.

Crispación sin precedentes