Lino Lago, en el MAC

|

En el Museo de Arte Contemporáneo  Gas Natural Fenosa expone Lino Lago (Redondela, 1973), un pintor actualmente afincado en Lituania, que ha elegido como título para su muestra la famosa leyenda de Magritte “Ceci n’est pas un pipe” que –como es sabido– figuraba al pie de un cuadro suyo que representaba una pipa; la intención de Magritte era la de que el contemplador supiese que cualquier representación pictórica, todo lo fiel que se quiera al modelo, jamás es la realidad, sino sólo una imagen, es decir, otra cosa. 
En el caso de Lino Lago, la frase va al pie de una vaca y no quiere que veamos una pipa, sino una vaca, lo cual es obvio, pero además parece querer poner el acento sobre el desplazamiento a  que ha sido sometida la naturaleza y con ella el mundo animal; así coloca a un pobre cerdito extraviado en la calle de una gran ciudad, una colección de mariposas “clavadas” en una avenida, una pequeña ranita y una vaca minúscula compitiendo con marmóreas Venus y otra pobre vaca perdida entre colosales construcciones de cemento. 
“El tamaño importa” –como reza en otra colección de retratos– y en el caso de los animales quiere poner el acento sobre la invisibilidad o la infravaloración a que son sometidos, mientras que hay una sobrevaloración y, por ende, un “agigantamiento” metafórico de los objetos artísticos. Lino Lago intenta una cierta “desacralización” del gran arte arrojando pintura sobre cuadros de autores clásicos (Velázquez y Rembrandt, entre ellos) o interviniendo famosas obras con monigotes infantiles. 
Lo extraño del discurso es que él pinta como un clásico, con un virtuosismo que parece desmentir esta actitud de desprecio del oficio y ataca a los museos –mausoleos de objetos de arte (especialmente el Metropolitan de Nueva York)– exponiendo en un museo; son contradicciones de fácil resolución, cuando el supuesto artista deja de engrandecer su ego para trabajar humildemente como un artesano, con el gozo humilde de la obra bien hecha, sin alharacas y sin pedir sobreestimaciones. 
En esto estamos de acuerdo: el culto a la personalidad es nefasto y quienes más la cultivan son los mediocres; no imaginamos a ninguno de los grandes maestros empavonándose, sino todo lo contrario, pero sin sus creaciones nuestra vida sería más pobre. No podemos imaginar el mundo sin El Quijote, sin La Divina Comedia, sin las catedrales, sin la pintura de Goya, sin Bach o Mozart, etc. Amemos a los animales, pero recordemos que ninguno de ellos ha escrito un libro, ni erigido una pirámide, ni pintado una Gioconda.

Lino Lago, en el MAC