CASA

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¿Será acaso la ratita
la que roe mi casita?”
Pero los niños respondieron:
 “Es el viento, es el viento
que sopla violento.”
(Hansel y Gretel)
 


No me olvidaré jamás del día en el que me dijiste: Soñé que estábamos los dos juntos en una casita muy linda con chimenea y todo. El todo es, amor mío, lo importante, y la chimenea lo de menos.  
El todo somos tú y yo y lo demás no es nada más que lo demás. En poco tiempo recordaré este verano como el de la vuelta a casa, como el de volver a empezar y como el verano en el que me pasé horas y horas pegado al teléfono.
  A veces me lees lo que otros escriben en el periódico, por si no lo he hecho yo y por tener una conversación introductoria que nos prepare el terreno, como si fuésemos a hablar de otras cosas más interesantes luego.
A veces lo hacemos y a veces no y casi siempre nos reímos un rato con tu interpretación de los textos, aunque a veces ellos se valen por sí mismos, como el del otro día de uno de esos colaboradores que también son políticos y no sé qué más, que se atrevió a escribir a base de demenciales frases de recorta y pega, replicando con el título de su experimento uno de mis ferroles de hace algunas semanas.
Futuro, lo tituló el tío, aunque para nosotros su columna se titulaba Futuru, con u, como si el intrépido Miguel se hubiese remezclado con Marianico El Corto, como si fuese parte del NO-DO, como si todo, de repente, se volviese gris marengo.
Sus palabras, por sorprendente que pueda parecer, dejaron algunas cosas claras, como su instintiva querencia por las frases vacías, y las puñaladitas típicas de los peperos cuando tienen que justificar algo y sueltan alegremente: y el PSOE más, y se quedan tan anchos.
Además de estos entretenimientos nuestros tuvimos otros y no creo que a los lectores les interese saber más acerca de ellos. Así está bien, que los intuyan. Ya estoy en casa de nuevo, y eso es decir mucho. Ahora solo falta que regreses tú. Te espero.

 

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