LOS ÚLTIMOS PASOS

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Creo que a nadie se le escapa ya que este nuestro rincón del noroeste está agonizando. No me entiendan mal, no es algo que me haga especial ilusión, pero lo cierto es que no creo que haya otra definición para lo que nos está pasando. Incapaces de mirar más allá de lo que nos ha mantenido vivos en torno a unos tres siglos, empeñados en vendernos turísticamente desde la piedra castrense y no desde aquello que sí tiene algún interés en este siglo y con la vista permanentemente puesta en el ombligo, ¿exactamente dónde creen ustedes que vamos?
Tampoco hace falta escandalizarse. Torres más altas han caído y si no que se lo pregunten a la británica Sheffield –Maggie hizo allí un numerito digno de pasar a la historia– o a la americana Detroit –quién se lo iba a decir cuándo sus “bad boys” eran la revolución del baloncesto NBA–. Crecieron y se multiplicaron (metafóricamente) pegadas a una industria pesada y cuando ésta las abandonó, como una infección vírica cualquiera, se vinieron abajo como un castillo de naipes. Los ingleses que, ya se sabe, junto a algunas especies de insectos son de lo más resistente que hay en la tierra, se adaptaron y lograron sobrevivir tirando de grandes parques, universidad y eventos deportivos. Están en ello. Los americanos, mucho me temo, parecen estar marcándonos el camino a nosotros. Se han dejado vencer por la apatía o directamente han optado por abandonar el barco –su estadística de edificios vacíos o en ruina supera ya los 80.000–, dejando a su suerte a una ciudad a la que ahora ahogan los únicos que no quieren marcharse, los delincuentes.
Yo propongo “renovarse o morir”. A lo mejor una ciudad “ecológica” para aquellos con una mentalidad del tono de verde adecuado. Si no fuera porque no tenemos saneamiento en la ría, carril para bicicletas en la ciudad, transporte público a las zonas de interés natural que nos rodean... Entonces, ¿apostar por el desarrollo de empresas de nuevas tecnologías? Va a ser que no, porque aquí no se apoya nada que no tenga que ver con doblar metal y echarlo a nadar. O tal vez lo que tenemos que hacer es tocar fondo para sacudirnos las soberbias de una bendita vez y dar esos que pueden ser nuestros primeros o últimos pasos.

 

LOS ÚLTIMOS PASOS