DESMEMORIA DEL NAVAL

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A punto de cumplirse tres décadas del proceso de reconversión naval puesto en marcha por el primer gobierno del socialista Felipe González, nada se encuentra tan cercano en el tiempo a aquella época que la situación por la que atraviesa el sector naval en Galicia, con las diferencias que caracterizan a la industria viguesa de la ferrolana. Al margen de la primera, dependiente de la actividad privada, el mayor fracaso que puede constatar una administración es el de afrontar que treinta años después de asumir el inicio de un desmantelamiento pausado, soterrado, pero sumamente perseverante, por fin parece haberlo conseguido en el caso de Ferrol.

Se han perdido nada más y nada menos que tres décadas basadas en la continua justificación. La comarca ferrolana sigue adoleciendo de ese continuo parcheo...

 

Quienes de un modo u otro, por acción u omisión, ayudaron a que la actual crisis de los astilleros de Navantia esté en una situación posiblemente peor que la de entonces, deberían entrever la simple posibilidad de hacer acto de contrición. No se producirá, sin embargo, tal cosa. Y es que pese al esfuerzo continuado de esta comarca, tanto desde el punto de vista meramente social como desde el que atañe en exclusiva al entramado empresarial, la sensación general es de desánimo, con la diferencia de que el tiempo ha pasado una factura difícil de saldar a la conciencia social, otrora tan involucrada pero que en estos momentos parece completamente adormecida. Tal consecuencia no es extraña si se tiene en cuenta el reguero de intentos, de cambios de rumbo, el sentimiento generalizado de ser, en el ámbito estatal al menos, un simple bache, por lo que al sector naval respecta, sobre el que, a lo largo de los años se haya echado capa tras capa de asfalto sin la más mínima intención de remover los cimientos y asentar verdaderamente el futuro. Se han perdido nada más y nada menos que tres décadas basadas en la continua justificación. El amplio abanico de argumentos esgrimido durante este tiempo ha pendulado entre el futuro del off shore, la eólica marina, una más que peregrina fábrica de vidrio de inefable recuerdo o el interés de una parte del empresariado local por acceder a la explotación de los terrenos de la antigua factoría Astano.

Nunca por la recuperación, al menos desde el ámbito político con responsabilidades en la materia, del mercado civil, para el que el paso del tiempo ha jugado tan en contra como el interés político y la incapacidad de respuesta ante las presiones europeas.

Pensar que solo una actividad tan ceñida como es la de la construcción militar, aunque sea con el complemento de las reparaciones de buques mercantes, sea capaz de prolongar la ocupación sin altibajos tan drásticos como el que soporta la zona en estos momentos, debería ser objeto de una mínima reflexión. La comarca ferrolana, al menos en el ámbito naval –que es casi como decir que en todo o en gran parte sobre lo que gira– sigue adoleciendo de ese continuo parcheo al que el paso de tres décadas ha habituado hasta hacerlo casi imperceptible, perdido en la memoria.

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