NO ES PAÍS PARA CONDUCTORES VIEJOS

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Somos un pueblo de costumbres y una de la que más usamos es la de acordarnos de Santa Bárbara solo después de oír el trueno. Algo así es lo que ha pasado después del terrible accidente del pasado sábado en A Guarda, en el que un vehículo arrolló a un pelotón de ciclistas que circulaba por el carril bici; uno murió y otros siete tuvieron que ser hospitalizados. Del suceso se destacaron dos circunstancias: que el conductor no paró en el lugar del accidente y que tenía 86 años. Esto último ha sido el desencadenante para volver a abrir el debate sobre hasta qué edad resulta aceptable ponerse al volante. 
Resulta curioso que se resalte tanto la edad del conductor aunque temo que si tuviera 25 años pasaría exactamente lo mismo aunque a la inversa. Entonces habría que cambiar el discurso de “está muy mayor para conducir” por “si es que van como locos y encima se mazan a copas”. Existe una trampa psicológica que nos tendemos a nosotros mismos y que consiste en entender la realidad según cómo pensamos que es: si un conductor cree que las mujeres conducen peor y ve a una cometiendo una pifia, su percepción será reforzada, aunque haya visto hacer lo mismo antes a diez hombres. Algo parecido pasa con los conductores mayores, los jóvenes, los portugueses o los que viajan a bordo de un deportivo.      
La Guardia Civil y el juez serán quienes determinen cuáles fueron las causas del accidente y cuál tendrá que ser la responsabilidad de este hombre pero, mientras tanto, hemos abierto el debate sobre los conductores mayores. Quizás lo primero sería decidir a qué edad es alguien mayor, porque ya estamos revisando la jubilación y parece obvio que 65 años no es un límite razonable. Según el último censo elaborado por la Dirección General de Tráfico, que incluye datos del año 2014, en España circulan 1,2 millones de conductores que ya no cumplen los 74. 
Según un estudio realizado en Estados Unidos, no hay mucha diferencia entre los accidentes en los que la culpa es del conductor en los mayores de 74 comparado con la franja de edad de 35 a 54 años. En estos casos, el porcentaje de los que cometieron errores de reconocimiento –no ver un coche o una señal– en los ancianos es mayor pero también se equivocan menos a la hora de tomar decisiones, porque la experiencia en esto puntúa. Si tenemos en cuenta el número total de kilómetros conducidos, el estudio concluye que los jóvenes tienen más accidentes. En Galicia, de los 1,7 millones de carnés que existen, alrededor de 100.000 corresponden a esta franja de edad. Con la población envejecida, la dispersión de las viviendas, la orografía complicada y las malas condiciones meteorológicas, tenemos todas las papeletas para que la movilidad de los ancianos pueda convertirse en un problema, si es que no lo es ya. 
Peinar canas es un factor más a la hora de ponerse al volante, al igual que otros muchos, pero no es suficiente para demonizar a nadie. Se puede ser mayor y estar en perfectas condiciones para estar en la carretera. La DGT asegura que no limita la edad, sino la salud y ahí es donde habría que mejorar los controles para tratar de reducir al mínimo los accidentes. O eso o asumir que este no es país para conductores viejos. 

NO ES PAÍS PARA CONDUCTORES VIEJOS