POLÍTICA CON MAYÚSCULAS

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“Atravesamos uno de los momentos más difíciles de la reciente historia de España”, dijo el Rey en el mensaje de Navidad, y para superarlo reivindicó el papel de la “política con mayúsculas”, aquella que, desde el Gobierno o desde la oposición, “fija su atención en el interés general y en el bienestar de los ciudadanos; la que busca el entendimiento y el acuerdo para encauzar y resolver los grandes desafíos colectivos; la que se cimienta en el espíritu de servicio y se acomoda a los principios de la ética personal y social...”.

En pocas palabras, el Rey trazó un gran programa de actuación y de comportamiento para todos los políticos, del Gobierno y de la oposición que, si fuera asumido por ellos no existiría tanto desapego hacia las instituciones y hacia la función política y los políticos mismos, mejoraría el clima social y, sobre todo, estaríamos dando pasos importantes para superar la crisis.

Pero cuando el Rey habla para los políticos ellos reaccionan al dictado de aquel refrán gallego “predícame frade que por unha orella me entra e por outra me sae”. Lo que dijo el rey no va con ellos, ninguno se dio por aludido ni, que se sepa, tomó nota de las palabras del Monarca para obrar en consecuencia.

Los males del país no derivan solo de la herencia recibida, como señala Rajoy, o de que ahora ostente el poder la derecha, como afirma Rubalcaba. Uno de los grandes problemas de España es que el Gobierno y la oposición son incapaces de superar sus querencias partidarias para dirigir al país con seriedad, competencia y capacidad de gestión de esta situación tan difícil.

Es inconcebible que después de cinco años de crisis, los dos grandes partidos con posibilidades de gobierno no se hayan sentado para alcanzar un acuerdo –que el presidente de la Xunta pidió para Galicia en el mensaje de fin de año– para sacar al país del lamentable estado en que se encuentra. Los problemas son tan grandes y graves como pequeños y mediocres son los dirigentes que nos gobiernan en esta hora.

La transición, a la que también aludió el Rey, fue la historia de cesiones continuas por parte de los líderes políticos de entonces, que cambiaron la dinámica de la imposición por la tolerancia y la superación de las siglas partidarias para salvar al país, que en aquella época vivía momentos especialmente dramáticos. Esa es la “política con mayúsculas” que reivindica el Rey, de la que deberían aprender los políticos de hoy.

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