Una consulta surrealista

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Es triste lo de Cataluña. El montaje del señor Artur Mas, además de que lo catapulta al estrellato de la extravagancia política, es de una insensatez manifiesta. Dalí decía: “el surrealismo soy yo”. Sin embargo, podría haber pronunciado esas mismas palabras el presidente catalán. No desmejoraría su apuesta.
Los políticos pueden equivocarse, incluso cometer errores en su gestión de gobierno, hasta ahí nada que objetar. Pero eso sí, no pueden darse el lujo de ser irresponsables. Suele ser peligroso jugar con las emociones colectivas. El señor Artur Mas llevó a Cataluña a un callejón de difícil salida. Su parodia de referéndum, con el objeto de torear el ordenamiento jurídico vigente, lo ha convertido en un político temerario, irreflexivo, peligroso. La historia no lo pondrá en buen lugar.  
Artur Mas estudió Ciencias Económicas y Empresariales en la Universidad de Barcelona, habla varios idiomas (catalán, español, inglés y francés) y estuvo trabajando en el sector privado hasta los veintiséis años. Pero en 1982 empezó en la cosa pública, siendo contratado como colaborador en el Departamento de Comercio, Consumo y Turismo de la Generalitat. Además, fue concejal en el Ayuntamiento de Barcelona y diputado en el Parlament, hasta que, finalmente, el ex presidente Jordi Pujol lo convirtió en su delfín político al nombrarlo Conseller en Cap. A partir de ese instante todo le vino rodado.
Pero, ¿en qué momento de su vida cruzó la línea y se pasó al independentismo? Además, ¿lo hizo por convicción o por puro oportunismo? Es obvio que las respuestas las tiene el señor Mas. En cualquier caso, su miopía lo condujo a un laberinto del cual no saldrá vivo, políticamente hablando. Como a través de los cauces legales no podía realizar su tan aireado referéndum, dado que corría el riesgo de ser imputado y juzgado por sedición, se sacó de la manga un “plan b”, que es a todas luces una consulta disfrazada de encuesta. El artificio tiene tela. Nadie ha visto nunca un referéndum que no es referéndum; una encuesta que tampoco es encuesta; un diálogo con Madrid que no es diálogo, sino un monólogo. Sin duda, el “president” se ha convertido en un gran prestidigitador de la política. Increíble…
Algunos políticos, con tal de salvar la cara, son capaces de hacer “ensayos” que van más allá de lo ridículo. Lo de la encuesta –aparte de ser una tomadura de pelo– es demasiado pueril. Es una especie de remedo o parodia. Pensar que un sondeo puede tener un valor plebiscitario no se le ocurre ni al que asó la manteca, utilizando una locución castiza. A lo mejor con esta argucia el señor Mas se cree un genio, sin embargo, no pasa de ser un titiritero más. De los muchos que abundan en el escenario carpetovetónico.
El sondeo del 9-N no solucionará nada. Al contrario, sembrará más confusión, división y dudas entre los catalanes. Primero, aparte de no tener ningún valor político-jurídico, ni las garantías electorales necesarias, sólo votarán los independentistas confesos. Por tanto, producirá unos resultados falsos, aunque eso sí, se prestarán a la manipulación política. Con ellos no se resolverá un conflicto que fue creado artificialmente. Sin duda, la irresponsabilidad de una parte de la clase política ha llevado a Cataluña a un “impasse”. En un momento en que los políticos catalanes tenían que estar trabajando para resolver la crisis económica, se dedican a malgastar sus energías –¡y el dinero de todos los españoles!– en un proyecto independentista. Intentan utilizar todo tipo de trucos, artimañas y enredos retóricos con tal de puentear la legalidad. Hay políticos que le harían un gran favor a Cataluña –y también a España– si dedicaran sus vidas a otra cosa.
Hay que reconocer que los dirigentes de Esquerra Republicana de Cataluña son mucho más honestos que el señor Artur Mas y sus acólitos, incluso más que los del PSC, que juegan a una opción federalista que no resolvería el problema de fondo. Al menos los de ERC siempre han dicho lo que son: independentistas que quieren la secesión. Nunca han engañado a nadie desde 1934.  

 

Una consulta surrealista