Los monos de Toshogu

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Ya saben: se representan tapándose oídos, ojos y boca. Se dedicaban a vigilar para que nadie interrumpiese el sueño de su señor.  Y así nos quiere el Gobierno a los ciudadanos: callados. Que hagamos oídos sordos a lo que pasa y no veamos las calamidades que nos trae la política “mariana”.
Pero cada vez más ciudadanos no están dispuestos a comulgar con las ruedas de molino de  Montoro, como esa patochada de que somos la envidia de Europa, ni con   las perogrulladas del presidente que se aísla, detrás de un mar verde o negro –según sean guardias civiles o policías nacionales– para evitar salir en la tele rodeado de gentes que le afean su sordera, le piden que abra los ojos a lo que sucede en la calle y le exigen que no  siga mudo frente a la gravedad de la situación.
El mapa de la vergüenza señala que cada tres minutos un niño cae en la pobreza y que uno de cada cuatro menores pervive mal alimentado. Que la política marianista ha recortado las ayudas a los comedores escolares entre un 30 a un 50 por ciento. Que un millón de familias españolas vive en el umbral de la pobreza.
A todo esto el presidente se queda mudo, sordo y ciego. Como los famosos monos de Toshogu.
Y agazapado tras los “hoy no toca” o “de eso no hablo” y “me remito a lo dicho”, pide que, nosotros, los ciudadanos que contribuimos a mantener el tinglado que ellos derrumban a toda marcha, nos quedemos callados, mudos y no veamos lo que pasa a nuestro alrededor o permanezcamos sordos ante el clamor de quienes piden pan y justicia.
Nos quiere sordos, ciegos y mudos, para no recordar que le oímos decir, hace dos años, que iba a bajar los impuestos… lo que no hizo, por lo que no podemos creer –ni llenos de vino– que vaya a cumplir dentro de un año lo que ya no  hizo antes, sus promesas de  Soutomaior.
Y es que  cada vez hay más gente que tiene bien abiertos los ojos, atento el oído y está dispuesta a expresar su censura, su crítica como sucede cada vez que el presidente aparece por cualquier esquina.
Por eso, desde aquí, asomados a este balcón, atentos a lo que está pasando para contarlo.

Los monos de Toshogu