ESPÍA COMO PUEDAS

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Estos días Europa occidental se escandalizaba ante el espionaje de Estados Unidos sobre las comunicaciones no solo de sus líderes políticos, sino también de millones de ciudadanos europeos. Sintiéndome profundamente indignado por la más que evidente normalización del espionaje como alternativa a la diplomacia y a las relaciones internacionales, confieso, sin embargo, que no me siento para nada sorprendido. Porque nuestras vidas hace tiempo que se convirtieron en un verdadero escaparate en el que cualquiera puede mirar nuestros ingresos, nuestros créditos, nuestros gastos, nuestras familias, nuestros números de teléfono y hasta de calzado. La Ley de Protección de Datos aparece reducida, en la práctica, a un pequeño apartado en letra pequeña que va anexo, cual fórmula de paripé, a cada contrato o documento que firmamos para a continuación ser vulnerado flagrantemente de manera reiterada.
Mientras que el acceso de la ciudadanía a la información se demanda inútilmente como un derecho para avanzar en la democracia y la transparencia, la dirección contraria alcanza sin embargo límites insospechados. El Gran Hermano descrito por George Orwell en su “1984” se va tornando muy real en una sociedad en la que la intimidad, a pesar de ser un derecho constitucional, puede ser pisoteada por cualquiera y a placer.
Si en los llamados programas del corazón se paga a personajes frikis y horteras por destriparse con saña unos a otros, las multinacionales destripan sin pudor ni rubor nuestras vidas tanto con ofertas más o menos amables como con coacciones veladas ligadas a posiciones dominantes y contratos de adhesión, elaborando luego bases de datos personales, incluidas listas de morosos sin ningún rigor, que luego ofrecen al mejor postor. En diferentes idiomas y acentos nuestros teléfonos se han convertido en un instrumento de espionaje a disposición de cualquiera de forma impune, con una responsabilidad muy etérea sobre las fuentes de información.
Por ello, quedarse perplejo ante el espionaje masivo del “sheriff” mundial es quizá un poco ingenuo, por mucho que la estrella de cinco puntas la lleve ahora un tal Obama. Porque, desde el principio y hasta el final, el “espía como puedas” es una realidad muy americana.

ESPÍA COMO PUEDAS