UN MUNDO EXTRAÑO

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En un momento dado los intereses geopolíticos pueden alcanzar niveles sorprendentes, incluso inconcebibles para mentes normales, tanto que no serían extrapolables a ningún otro contexto social o político. 
En un escenario normal los que trafican con objetos robados serían detenidos, investigados y puestos a disposición judicial. Sin embargo, las cosas no funcionan así con los que compran el petróleo del EI. Aquí son diferentes. Es de dominio público que Daesh obtiene grandes sumas de dinero con la venta ilegal de petróleo; además de otras fuentes de financiación, el petróleo es uno de los apartados más importantes para su sostenimiento. Lo de la venta ilegal del crudo hace tiempo que está en marcha. Y lo peor: hace tiempo que se sabe y nadie hizo nada. Tuvieron que venir los rusos, con pruebas irrefutables en la mano –conseguidas por medio de sus satélites y drones– y mostrárselas a Occidente para que sonaran las alarmas. 
Cada día se suman más actores a los bombardeos en Siria y en Irak, sin embargo, los gobiernos no hacen nada –o hacen muy poco– para investigar  las empresas que trapichean con el petróleo que les venden los terroristas. Si se investiga a los corruptos de la FIFA, y de otras organizaciones globales, ¿por qué no se hace con estas empresas que están cometiendo un delito mucho más grave? Llama poderosamente la atención que la UE se quede de brazos cruzados, que no investigue acerca de los negocios turbios que presuntamente hace el gobierno turco con los islamistas. Es curioso que Bruselas, tan diligente para otras cosas –sobre todo si se trata de chantajear a los gobiernos que no son de su cuerda– no haga nada para esclarecer este asunto. 
No se puede anunciar con bombos y platillos la lucha contra el yihadismo y al mismo tiempo no pedir cuentas a los estados sospechosos de financiarlo. Obviar este punto sería de un cinismo sin precedentes, porque   ya no son sólo los rusos los han puesto el dedo en la llaga, sino también los alemanes. El vicecanciller teutón, Sigmar Gabriel, dijo estos días que Arabia Saudí debe dejar de financiar a los terroristas en el mundo. Es obvio que toda empresa, individuo o gobierno que compre petróleo al EI, o que financie sus actividades por otros medios más sutiles, está financiando el terrorismo. Los medios alemanes –también estos días– se están preguntando si el hijo del presidente turco, Bilal Erdogan, es el ministro de petróleo del EI en la sombra. Sin duda, la conducta del gobierno turco es preocupante, sobre todo, porque ese país pertenece a la OTAN.
La realidad es que desde hace tiempo las autoridades turcas, si no están involucradas directamente, como mínimo hacen la vista gorda con el contrabando de petróleo del EI. Lo que resulta extraño es que nadie en Occidente haya visto las grandes caravanas de camiones cisternas –fáciles de localizar con los satélites– transportando el crudo desde Siria e Irak hacia la frontera turca. Demasiado sospechoso todo esto. Da la impresión de que cuando los gobernantes son aliados, o existen intereses de índole geopolítica, se les permiten más cosas, se les encubre más. Si la amenaza del EI es tan grave, como todo indica que es, entonces, ¿por qué no se procede a formar un auténtico frente común de lucha? Es lamentable que los intereses, la mayoría de ellos mezquinos, estén por encima de cualquier otra consideración, tanto que hasta nos pueden llevar a la autodestrucción para sostenerlos. Realmente todo indica que estamos ante es un escenario demencial, de locos.
En la lucha contra el EI ocurren cosas extrañas, absurdas, algunas sin coherencia ni sentido. Hay demasiadas preguntas, demasiadas zonas oscuras, demasiada confusión, demasiadas contradicciones. Esperemos que un día los gobiernos decidan aclarar lo que está sucediendo de verdad. Aunque a decir verdad, uno tiene serias dudas de que tal “milagro” vaya a ocurrir.
Los ciudadanos necesitan transparencia, necesitan menos manipulación y más sinceridad. De otro modo, la poca fe que nos queda en los gobiernos, que no es mucha, acabará diluyéndose.  

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