Consumismo

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ecía Orson Wells que en un mundo dominado por la mentira, decir la verdad es un acto revolucionario. Hoy esa afirmación tiene más valor que nunca.
Es evidente que nos encontramos viviendo dentro de un esquema social destructivo. Y eso lo puede ver cualquiera. La mentira, la manipulación y el engaño forman parte de nuestro entorno.
Lo curioso es que nada de eso ocurre por casualidad, puesto que hay fuerzas interesadas en el desarrollo de este tipo de sociedad. Y aunque no lo parezca, la realidad es que los ciudadanos de a pie tenemos cada día menos influencia para cambiar las cosas. 
Todavía hay gente que no se ha enterado, sin embargo, hace años que nos han cambiaron el “guión” para incapacitarnos. Ideologías, valores, tradiciones, incluso la decencia, fueron enviadas directamente al basurero. El poder decidió que no servían, puesto que todo eso eran obstáculos para sus planes. 
Ahora lo único que escuchamos machaconamente son dos palabras: consumo y consumidores. Nada más. Ahora ya no se comparte ni se disfruta, ahora se consume. Se consumen noticias, viajes, música, amistad, sexo, etcétera. Todo ha sido mercantilizado con el fin de producir dinero. Y todo lo que produce dinero es consumible. 
La mercantilización de la sociedad está alcanzando cotas y maneras brutales. Nos están convirtiendo en máquinas consumistas, en pirañas hambrientas carentes de sensibilidad, de sentimientos. El valor de las personas está en función de su capacidad económica para consumir; si no consumen no son personas.
La palabra consumo se adueñó de nuestras vidas, secuestrándolas. Ni siquiera los aeropuertos se salvan. Ahora a los viajeros ya no les llaman pasajeros de tal o cual vuelo, como se hacía antes. No. Ahora les llaman “clientes”. 
Lo curioso –¡y lo terrible!– es que han reducido nuestra capacidad de pensar, hasta tal punto que incluso creemos que ser consumidores o clientes nos eleva el estatus, que nos da más categoría social. 
El modelo neoliberal –lo hemos dicho en otras ocasiones– creó las coordenadas culturales perfectas para favorecer este tipo de conducta y mentalidad. Empezó por sacar del subconsciente del individuo todo lo peor, para después ponerlo en valor y trapichear con sus miserias.
Los medios “main stream”, que sirven como avanzada para construir y retroalimentar esas miserias, están contribuyendo decisivamente en el afianzamiento de ideas y conceptos que son contrarios a la bondad natural de las personas.
El poder entiende que el humanismo no produce dividendos a corto plazo. Y en la escala de valores neoliberal está buscar ganancias allí donde pueda haberlas, y lo más rápido posible. Los principios no cuentan, por eso la estrategia es destruirlos.
En aras de un desarrollo que no es tal, sino que es para favorecer a unos cuantos, se está aniquilando la convivencia humana y el medio. Se cambian conceptos, palabras, frases, todo para disfrazar el desastre.
Es por eso que apenas hay resistencia a los cambios; ni siquiera hay una rebeldía seria desde la nueva izquierda o los partidos emergentes. Es más, algunos de sus líderes se comportan –se supone que sin ellos saberlo– de una manera bastante errática; como si favorecieran al poder. 
Y nunca hay que descartar nada. Todo es posible. El poder siempre ha “colado” topos para que ocupen puestos clave en el campo enemigo, pues es la única manera que tiene para controlar y cambiar las agendas de ciertas organizaciones. 
En este mundo digitalizado nadie ni nada se escapa a la manipulación, hasta los movimientos feministas actuales son sospechosos. Hay quien afirma que son parte del consumo para distraernos de otros problemas. 
Lo cierto es que hay en ellos movidas que favorecen claramente las agendas de organizaciones internacionales (algunas ONG, fundaciones, etc.) de corte neoliberal. Sorprende mucho que solo hablen de resolver las consecuencias, lo que está sucediendo, dejando abiertamente de lado las causas.
En un modelo donde el consumo está por encima de cualquier consideración ética o moral, es obvio que sus defensores utilizarán cualquier medio para protegerse. Y poseen muchos. 
 

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