NAVANTIA: DOS AÑOS AL FRESCO

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La situación de extrema gravedad en la que se encuentran los astilleros públicos ya era conocida. Los síntomas no han hecho otra cosa que sucederse a lo largo de los dos últimos años. Los despidos continuados en las compañías auxiliares, expedientes  de regulación, quiebra de algunas de ellas y un insondable éxodo de trabajadores hacia otros lugares constituyen todo un goteo de realidades que no podían apuntar a otra cosa. Si hace dos años, el argumento con el que el partido hoy en el Gobierno del país alimentaba el discurso político en la comarca de Ferrol era precisamente que el estado de máxima precariedad en la que se hallaba el sector se debía al anterior Ejecutivo, hoy, a punto de cumplirse el ecuador del nuevo mandato, la realidad sobrepasa cualquier previsión. La perspectiva es nula, tanto por la constatación de la falta de contratos como por la ineficaz labor de una gestión más proclive, por lo que se ve, a la búsqueda de una reestructuración de los astilleros que comprometida con dotar de ocupación real sus gradas. Los hechos no mienten y ni tan siquiera el compromiso del presidente de la Xunta en relación con Pemex tiene hoy mayor valor que el que se puede esperar de una simple promesa. La dirección de Navantia parece haberse pasado dos años al fresco teniendo en cuenta no ya su escasos logros sino la total inexistencia de resultados. El “outono quente” que avanzan los trabajadores es más que asumible ante tal inoperancia.

NAVANTIA: DOS AÑOS AL FRESCO