DIAGNÓSTICO Y TRATAMIENTO

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Escribo esta columna con el debate sobre el estado de la autonomía de fondo en el que el presidente y los portavoces de la oposición están haciendo valoraciones y diagnósticos distintos de Galicia, del estado de la economía y las finanzas, del paro, de la educación, sanidad, asistencia social…

¿Cómo está la comunidad? Grave, más o menos como a mediados de diciembre cuando el presidente reconocía en el Parlamento que “la situación de Galicia es crítica” y afirmaba en el Foro organizado por un medio de comunicación que “con la economía española en la UCI, Galicia está logrando mantenerse estable”, dentro de la gravedad.

En el “haber” del Gobierno están los resultados de la “política de austeridad”. Con menos dotación presupuestaria se hicieron los deberes sin que la reestructuración del gasto público dejara secuelas irreversibles en el Estado de bienestar, sobre todo si nos comparamos con Cataluña, Murcia o Castilla-La Mancha.

Los recortes y ajustes se dosificaron en los tres años de legislatura, el déficit está bien controlado y ahora Galicia puede cuadrar sus cuentas sin tener que acometer recortes traumáticos. Es, sin duda, una fortaleza.

Pero la austeridad por sí sola es una trampa que tiene efectos secundarios perversos. Las políticas de ajuste pueden lograr el equilibrio presupuestario, pero paralizan la reactivación de la economía. Y si no hay crecimiento económico se agrava y prolonga la recesión, nos hundimos más en la crisis y no es sostenible el estado de bienestar. Por tanto, es necesario armonizar austeridad y ajustes con aquellas otras políticas que fomenten planes de inversión en sectores productivos para reactivar el crecimiento, recuperar el crédito, ayudar a empresas y autónomos a generar empleo y que la gente recupere la confianza.

¿Cómo conjugar el equilibrio presupuestario y estimular el crecimiento? Es la pregunta que tienen que responder el Gobierno y la oposición haciendo los “deberes” después de un debate previsible. Suenan bien algunas propuestas escuchadas en el Parlamento, pero la visión optimista del presidente y el análisis apocalíptico de los líderes de la oposición deberían ser menos apasionados y más reales para confluir en un gran acuerdo que sume las ideas de todos para sacar el país adelante.

Ese acuerdo marco es una exigencia de los ciudadanos, que quieren menos diagnóstico de la situación y más tratamiento, y justificaría la larga sesión parlamentaria de ayer y hoy.

DIAGNÓSTICO Y TRATAMIENTO