La caída de los grandes mitos

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Armstrong ganó sus siete tours dopado hasta las trancas. Así se lo confesó a la presentadora-telepredicadora más mediática de Estados Unidos, Oprah Winfrey, pero hasta dentro de unos días no sabremos si, como acostumbra a suceder en su programa, lo hizo entre lágrimas y sollozos o no. Con esta revelación se cae uno de los mitos de las últimas décadas. Algo parecido a lo que sucedió el pasado martes en el Ayuntamiento de A Coruña.

Allí, dos concejales de las nuevas camadas del socialismo herculino optaron por dejar el salón de plenos por no estar conformes con la decisión de su grupo de abstenerse ante la petición de investigar el papel de Francisco Vázquez (el sempiterno alcalde coruñes) en esa cloaca que han dado en llamar caso “Relámpago”. Ya se sabe, una vez más se repite el manido argumento de pelotazo urbanístico para unos poquitos.

Eso sí, al menos en esta ocasión el guión ha cambiado un poco y los expropiados para que en sus fincas se construyera un campo de fútbol están recuperando (vía tribunales) el dinero que se les hurtó cuando sobre la marcha se cambiaron los planes y se decidió que en vez de porterías y verde césped, en ese rincón de la ciudad quedaba mucho mejor un centro comercial y casi un veintena de altísimos edificios.

El desaguisado se cometió en la época en la que Vázquez era regidor y eso es suficiente para que los nacionalistas hayan sacado su escopeta de caza mayor e intenten involucrar al que ahora es un tranquilo inspector de Trabajo y contertulio en una cadena nacional. Paco es la pieza soñada, el trauma nunca superado por un partido que lo persiguió hasta la extenuación y que lo sigue teniendo entre ceja y ceja por mucho que el exembajador no sea más que eso, un ex. Tanta inquina demuestra que más de uno tendría que hacérselo mirar por un especialista y hasta someterse a tratamiento.

Pero la cuestión es que los nuevos socialistas, aquellos que vestían de corto cuando Vázquez ganaba elecciones y sacaba a la calle a la ciudad entera para reclamar una capitalidad robada, no se sienten herederos de sus obras y, por eso, para no romper la disciplina de voto, optaron por salir del salón de plenos y no dar con su abstención un apoyo al carpetazo de un asunto que creen que debe ser investigado.

Nada les importó que junto a ellos, en los bancos de los socialistas, estuvieran el que fue media vida concejal de Urbanismo con Vázquez o que sus otros seis compañeros compartieran cargos y, por lo tanto, responsabilidades en los sucesivos mandatos del exembajador cerca de la Santa Sede. Más de uno se acordará de aquello de “cría cuervos...”. Sin embargo, seguro que Vázquez asiste tranquilo a este espectáculo. Al fin y al cabo, él pudo ser Defensor del Pueblo a propuesta del PP y su propio partido, sus supuestos compañeros, se lo impidieron.

La caída de los grandes mitos