Transparencia, participación y covid-19

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ué consecuencias tiene la falta de transparencia y de mecanismos de participación en una democracia? Una desafección general de los ciudadanos hacia sus dirigentes. En estos casos, hoy nada infrecuentes con ocasión de la pandemia, se produce una falta de legitimación del Gobierno, de la Administración frente al ciudadano, puesto que la exigencia de más transparencia está conectada con la capacidad de participar, de involucrarse, de influir en el espacio público.

Roddota, como es bien sabido, hace tiempo nos advirtió, de forma provocadora, que la democracia no es sólo gobierno del pueblo, sino también gobierno en público, la democracia es el gobierno de la verdad.

Esta idea de verdad se encuentra muy alejada de las visiones orwellianas o de los discursos de la “verdad” hoy, en tiempos de pandemia, de palpitante y rabiosa actualidad. La verdad a la que nos referimos se encuentra basada en la puesta a disposición de la ciudadanía de la información sobre la “real realidad” de los hechos, sin adornos. Con un conocimiento pleno de la realidad, los ciudadanos podrán controlar, juzgar, participar y tomar decisiones sobre aspectos de interés común específicos y concretos más allá de la participación en procesos electorales.

Es necesario fomentar la participación de la ciudadanía, de las personas, en los asuntos públicos. La idea de transparencia que parte de la centralidad de la persona es aquella que busca la libre y real participación de la ciudadanía en los asuntos comunes en aras de permitirle ser parte actora en la búsqueda del interés general. Si los poderes públicos son opacos la participación pública pierde su sentido práctico y, además, se desincentiva a la ciudadanía a participar en procesos que, por desgracia, muchas veces son ficticios o no representativos.

Transparencia, participación y covid-19