DEJA VUS

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En un país en el que tener el cacareado síndrome postvacacional es un privilegio al alcance de muy pocos, el inicio del curso apenas deja novedades tras un verano en el que todas las serpientes informativas tenían el colmillo viejo y eran por todos conocidas.
Septiembre se despereza con Bárcenas al fondo y, a falta de uno, dos cortinas de humo: Gibraltar y la economía. La primera propiciada por las ansias de rellenar el mar que tienen los habitantes del Peñón y, la segunda, por el cambio de ciclo que comienza a vislumbrarse y que, hoy mismo, se verá ratificado por unos datos de creación de empleo ya anunciado como históricos, pero que nadie se asuste, en este caso por buenos.
Y, mientras tanto, en Galicia, unas por repetitivas, como los incendios, y otras por interminables, como las primarias de los socialistas, han convertido la actualidad en un constante deja vu repleto de conductores de tractor muertos por aplastamiento o bañistas ahogados en playas de aguas frías y claras.
Ni la barbarie de Siria parece haber sido capaz de remover las conciencias del occidente bien pensante, dispuesto a mirar para otro lado y consentir un exterminio indiscriminado y a Estados Unidos se le dan de baja los aliados para una nueva cruzada (cada presidente de los USA tiene derecho a montar al menos una guerra lejos de casa).
Y para acrecentar la sensación de que nada pasa, septiembre se ha empeñado en nacer manteniendo el calor de agosto, aunque para el próximo jueves ya haya anunciadas lluvias. Tal vez haya que esperar hasta mediados de semana para que el otoño se meta en nuestras cabezas y nos demos cuenta de que el Gobierno del Estado está en manos de un delincuente ya encarcelado, que jugamos a hacernos los machotes con un país de unos pocos kilómetros cuadrados y que los parados en España se siguen contabilizando por millones.
Que Galicia se ha vuelto a teñir de negro un año más sin que nadie lo haya conseguido impedir. Que los tractores son muy peligrosos y sus revisiones mínimas o que el Atlántico no es el Mediterráneo, por mucho que haya quien nos lo quiera hacer creer.
Eso sí, en Siria seguirán muriendo miles de personas, como en el Congo o en Egipto. Pero eso no le importa a nadie, ni en verano, ni en el más crudo de los inviernos.

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