TORMENTA

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Aullando entre relámpagos/ perdido en la tormenta/ de mi noche interminable/¡Dios! busco tu nombre/ No quiero que tu rayo/me enceguezca entre el horror/porque preciso luz/ para seguir/Lo que aprendí de tu mano/ no sirve para vivir/Yo siento que mi fe se tambalea/que la gente mala,vive/¡Dios! mejor que yo/ Si la vida es el infierno/y el honrao vive entre lágrimas/¿cuál es el bien/del que lucha en nombre tuyo/limpio, puro, para qué?/ Si hoy la infamia da el sendero/y el amor mata en tu nombre/¡Dios!, lo que has besao/El seguirte es dar ventaja/y el amarte sucumbir al mal.” (“Tormenta”, Enrique Santos Discépolo).
Discépolo era un genio a la hora de plasmar el existencialismo del hombre anónimo. Los conflictos con un mundo que se siente ajeno a las necesidades y a las decencias más elementales, la extrañeza con respecto a un Dios que si alguna vez existió, parece haberse alejado, la espiritualidad arrastrada por el lodo de un cambalache donde todo se infecta y se contagia. Una especie de ser y nada sartreano anticipado por la calle, comentado mientras se compra el pan o se fuma un cigarro en un café; un predecesor del Camus que no consideraba posible que la existencia de Dios y el sufrimiento de los niños pudiesen ir de la mano; un poeta de arrabal, en todo caso, incapaz de renunciar por completo a la búsqueda de una voz y de un fundamento que explique “cuál es el bien” y que resarza al honrado pasajero de esta vida de todas las humillaciones, violaciones y muertes sufridas. “Tormenta”, data de 1939.
Lejos queda ya esa fecha. 1939. Fin de una guerra fratricida en España y antesala de otra guerra -no menos fratricida- en el mundo. Tres años antes, en 1936, otro tango, Nostalgias, hablaba de los problemas íntimos de un deshaucio amoroso. Pero para el Discépolo atormentado de 1939, versión original y porteña del ficticio Rick-Bogard de Casablanca, poco pueden importar los problemas personales de dos seres en medio de los desafíos de un mundo enloquecido.
Por eso hay que arriesgar un salto mayor y una caída más estrepitosa, quizás fatal. Tormenta es el lamento de quien, ante el horror y el llamado de una auxilio que no llega, se tambalea intentando resistir a la seducción de unirse al mal. Porque para el ser humano decente no es fácil sucumbir, aún en medio de la oscuridad y la desesperación, aún cayendo una y mil veces. El ser que cae sabe que la caída no es  un apoyo, sino todo lo contrario. Solo el ser tomado por un mal radical borra este hecho y pretende elevarse apoyándose en su descenso, pero en ese caso ya no hay caída, sino hundimiento.
Lejos queda 1939 y su tango pero, ¿cuán lejos la tormenta? El intervalo entre el fulgor y el trueno  ha desaparecido y el infierno ya destripa nubes sobre nuestro desconcierto. Alrededor deambulan los seres extraviados, los amantes que aún buscan, los niños que todavía corren, los viejos que suelen morir decepcionados. Y manteniéndolos “a raya”,  los inspiradores del mal, los que hieden y pudren el aire de todos, los que intentan olvidar que van a morir, a fuerza de deshauciar a los demás de su vida. Estos ultimos creen estar más allá de los primeros. Pero en un mundo reorientado, donde el hundimiento ni siquiera se reconoce como caída, no ven que el que está más allá solo está más abajo del que pretenden su esclavo.
Los corazones atormentados nuevamente se unen a la tormenta, pero sin éxtasis ni esperanza. La nueva unión se vive ahora como fatalidad. El héroe deviene anti-héroe e intenta resistir los golpes del viento que le invitan a adpatarse al hundimiento o a desaparecer en el temporal. Esa es la encrucijada y el peligro actual de nuestra tormenta. ¿Cuántos se unirán a los “adaptados” al mal? Europa se pierde estos días como ilusión política, pero ¿a quién puede extrañar si han sido sus “vigilantes” los primeros en traicionar dicha ilusión? Y frente a ella, ¿el Frente Nacional francés? Mal frente a mal. Mal por todas partes. ¡Cómo arrecia el viento y la lluvia! Resisitir. ¿Podemos? Ojalá, aunque la fe aún se tambalee. Si hoy Europa es un infierno y el honrao vive entre lágrimas que ha de pagar, ¿cuál es el bien del que lucha en nombre suyo,limpio, puro, para qué? Si hoy la banca es el sendero y el amor no tiene crédito para vivir, el votarte es dar ventaja y el no hacerlo es sucumbir al mal... Pero si realmente podemos, entonces cambiaremos...  

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