Sin respuesta política

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Como era de esperar, la marea independentista del martes en Barcelona se llevó por delante la reivindicación del pacto fiscal, que era el presunto reclamo de la convocatoria. Y digo “presunto” porque el lema oficial de la misma y de la pancarta que abría la marcha no dejaba ya lugar a dudas: “Cataluña, nuevo Estado de Europa”.

¿Seiscientos mil manifestantes? ¿Millón y medio? Da igual. Lo cierto es que fueron muchos; muchísimos. Y es que van siendo muchos los años y muchos los frentes desde los que día a día, opportune et importune, con ocasión y sin ella, ha ido inoculándose en la opinión pública catalana la idea –falsa idea- de que España es una rémora para Cataluña; que sin España se viviría mejor; que España los discrimina; que España es una cosa y Cataluña, otra.

Y ha sido ese rechazo a España, a la nación española, el que estallaba el martes en el corazón de Barcelona como momentánea culminación de todo un largo proceso. El pacto fiscal, es decir, el sistema privilegiado de financiación que se pretende fue lo de menos. ¿Simple algarabía, como dijo el Rajoy? Evidentemente, no. Me imagino que, visto lo visto, el presidente estará a estas horas arrepentido de su error. Porque tremendo error sería menospreciar lo sucedido. Ya sabemos que al hoy presidente Rajoy no le ha gustado nunca el debate político. La controversia política es para él un confuso griterío, un follón, un lío, una algarabía. Y por eso se le ve incómodo ante tales situaciones, de las que intenta huir cuanto antes.

En esta ocasión, y en al menos un par de escenarios, Mariano Rajoy ha dado una respuesta de tinte económico a un problema político. La respuesta ha sido, por tanto, inadecuada e insuficiente. En esta ocasión, el presidente se ha refugiado en la crisis económica; en la conveniencia de no equivocar el reto; en no equivocar desafíos y prioridades; en “concentrase en lo importante”. ¡Como si la marea independentista y el cuestionamiento de la nación española y de la Constitución no lo fueran! En realidad, tampoco hay que sorprenderse: Rajoy lleva hablando sólo de economía y reduciéndolo todo a economía desde hace tiempo.

Las correcciones argumentales que a partir de los hechos consumados pueda hacer el Gobierno son ya inútiles. Hay líneas rojas que deben ser trazadas con firmeza y con anterioridad Con su reacción de perfil bajo; con su aparente pretensión de no exasperar las cosas, el Gobierno no sólo no ha conseguido nada positivo, sino que ha contribuido de alguna manera a dar por normal o no extraordinario lo sucedido. Es fácil imaginar las ínfulas con que el presidente Mas se personará el jueves en Moncloa.

 

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