EL CLUB DE LOS CENIZOS

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Por fin Mariano Rajoy ha dado un titular periodístico: ha llamado “cenizo” a alguien. En concreto, a quienes se obstinan en no reconocer que,  si bien queda mucha tarea por delante –lo que nadie niega- para  rebajar las cifras de paro, dinamizar el consumo y  facilitar el crédito, las cosas están empezando a ser de otra manera.  
En realidad no se trata de un insulto o de un calificativo despectivo, sino de la aplicación exacta de lo que al respecto establece el diccionario de la Real Academia en la cuarta acepción de la palabra: “cenizo: aguafiestas; persona que tiene mala sombra o que la trae a los demás”.
No se puede ser, en efecto, un optimista absurdo, como dice también el presidente del Gobierno. Pero la realidad es la que es y por muchas y razonables apelaciones que las instancias económicas internaciones hagan a no bajar la guardia para no poner en peligro los buenos datos que comienzan a asomar, lo cierto es que éstos existen y que así lo corroboran instituciones públicas y privadas, incluidas las habitualmente “cenizas” agencias de calificación de riesgos.
El Partido Socialista, sin embargo, sigue a lo suyo. Ignoró en su momento la crisis y pretende ignorar ahora los primeros indicios de la recuperación. Es el “nada de nada” que una y otra vez pregonan en las Cámaras los portavoces socialistas, con  Pérez Rubalcaba a la cabeza. El secretario general socialista,  por ejemplo, tiene ya muy claro que ésta va a ser una “legislatura perdida” desde el punto de vista de la creación de empleo.
Claro, que no hace falta ir tan lejos para espigar algún otro testimonio en la misma dirección. No hay más que quedarse en el Parlamento de Galicia, donde el portavoz socialista, José Luis Méndez Romeu, hace unos días hablaba de “fracaso absoluto”, “pasotismo” y “sumisión patética” del presidente Núñez Feijoo.  
No sé si en el socialismo hispano en general y gallego en particular son conscientes de que con tales y tan rotundas descalificaciones, donde todo es malo sin mezcla de bien alguno, no  se gana un ápice de credibilidad. Tal vez su estancamiento –cuando no retroceso– en las encuestas tengan bastante que ver con ello.
Y hablando del Parlamento propio no podemos dejar de referirnos a la sal gruesa dialéctica que en cada sesión desparrama por el hemiciclo la viceportavoz de Alternativa Galega de Esquerda (AGE), Yolanda Díaz, que con su lenguaje está dejando pequeño a su admirado jefe de filas y vecino de escaño, Xosé Manuel Beiras. Su intervención del miércoles fue una de las más descarnadas, desquiciadas e impresentables que se recuerdan. No sé si la presidenta Pilar Rojo habría de intervenir de alguna manera. Porque la inmunidad parlamentaria no debería –creo yo- aguantarlo todo.

 

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