Fin de la cita

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i un ciudadano medio, en un bar cualquiera de la geografía española, se hubiese jugado algo la semana pasada a que Mariano Rajoy iba a dejar de ser presidente del Gobierno para el próximo fin de semana, todos hubieran jurado que tenía la apuesta más que perdida. Cómo cambia el escenario en solo unos días, apenas unos minutos. Salvo sorpresa de última hora –y el líder del PP siempre ha sido muy de última hora– a Rajoy le queda muy poco para adelantar las vacaciones. 
La verdad es que él –y muchos otros– no se creía hasta el ultimo minuto que pudiera perder la moción de censura que presentó Pedro Sánchez y a pesar de lo que camina, aunque sea con ese estilo digamos peculiar, lo pillaron con el pie cambiado. Tan fuera de juego se quedó que por la tarde ni se pasó por el Parlamento. Y eso que ni siquiera jugaba el Real Madrid. En su escaño, como señaló Pablo Iglesias, un bolso. Para algunos, una metáfora de que estaba preparando las maletas. Otros creen que, además de una falta de respeto al hemiciclo, lo más probable es que estuviese pensando en la dimisión. En la de Zidane, claro, porque la suya ayer no estaba sobre la mesa. 
Ante la ausencia del presidente, la bronca tenía que caerle a alguien y el elegido fue Albert Rivera. Las bofetadas que no se llevó Rajoy se las dieron a él todas juntas. El líder de Ciudadanos se quedó como el niño que nunca ha suspendido y llega con su primer cate. Una pena porque él siempre ha sido muy de Sánchez. De Marta Sánchez que, vista la deriva del discurso de Rivera, apelando a España y los españoles, más de uno hubiera jurado que iba a aparecer cantando el himno envuelta en la bandera en la tribuna.  
El otro Sánchez de España, Pedro, gustó más a unos que a otros, como no podía ser de otra forma, pero la mayoría coinciden en que –salvo cuando le castigó el hígado duramente a Albert Rivera– se comportó de forma muy presidenciable, especialmente con las fuerzas menores. Diálogo, diálogo y diálogo, como Julio Anguita pero sin programa, uno de los principales reproches que recibió en la Cámara, porque pocas líneas avanzó de su futura labor como presidente. Con Rajoy KO e Iglesias amansado... se dedicó a emprender su particular vendetta con Rivera.
Pablo Iglesias fue, aunque sea poco habitual, de lo más comedido. Misión cumplida con Rajoy y cuidado con atacar mucho a Sánchez... no vaya a ser que lo haga bien. A cambio, le ayudó a su nuevo socio a darle una paliza a Rivera, por si todavía no había cobrado bastante. 
Todas las miradas estaban puestas en el PNV, que tenía una difícil papeleta pero, como expertos en pasar la boina, son los más listos del hemiciclo y se apuntaron a la fiesta. Al final, Aitor cambió de marca de tractor. 
Si todo sale como estaba previsto, Sánchez ganará la moción y se convertirá –contra todo pronóstico cuando dejó de ser secretario general, hace solo dos años, y todos le daban por muerto– en presidente del Gobierno. A Mariano, tan amante de los paseos, le han mandado al ídem. Fin de la cita. 

Fin de la cita