Aceituneros altivos

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Miguel Hernández recuerda a los aceituneros doblados, por esa razón los exige altivos; nosotros, alzados en el olvido de una perpetua revolución, y es así porque, al contrario que el poeta, no buscamos animar su valor, exaltar su coraje o defender su dignidad sino servirnos de ellos para entonar el vacuo canto de esos olivareros de sillón y sobremesa que somos. 

Tú y ellos, Miguel, habéis sido nuestra inspiración en la aspiración de ser solidarios y rebeldes en la vacua mística de gobernar utopías ajenas en el nombre de nuestras entropías. Y hoy, que los aceituneros huérfanos de respeto y de tu voz salen altivos a la calle, nos mostramos desatentos con ellos, los oímos sin escuchar. 

Es más, se nos antojan arrogantes tras de sus pancartas y voces. Tanto que creemos que no tienen derecho a alzarlas lejos de las nuestras, atentas ahora a esos temporeros de las naciones que juzga la dolida democracia por un “procés” pesebrero y egoísta, a esos, digo, que no han cosechado más que insolidaridades y odios. A los que se suma la berrea de machos alfas tentando a la soberanía popular para la cópula del poder. Y pone negro colofón el sarcófago del dictador. 

No son Miguel tiempos de aceituneros altivos, sino de insignes “miserables” a los que hemos decidido consagrar todos los minutos de nuestra atención y respeto, esa es la razón por la que los desoímos e ignoramos con la misma indolencia que antes en tu cantar los nombramos.

Aceituneros altivos