LOS ICONOS DE LA IZQUIERDA

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El primer encuentro entre Merkel y Hollande no pudo comenzar peor. El avión en el que viajaba el recién estrenado presidente francés recibió un rayo en pleno vuelo. Las malas lenguas aseguran que todo fue cosa de la política teutona, a quien no le gusta nada, según afirman esas mismas malas fuentes, que le lleven la contraria.

Sin embargo, tras la reunión, todo fueron sonrisas y buenas palabras. Es evidente que lo más importante son los gestos como el de que Hollande, sin casi tiempo para echarle un vistazo al Eliseo, tomó un avión y fue rápidamente a rendir pleitesía a la reina de la UE.

El que pasa por ser la gran esperanza de la izquierda europea, el hombre que iba a poner firme a la Merkel, se ha plegado a la primera oportunidad que ha tenido

 

Así, el que pasa por ser la gran esperanza de la izquierda europea, el hombre que iba a poner firme a la Merkel y frenar la política de recortes, se ha plegado, a la primera oportunidad que ha tenido, ante la locomotora alemana.

El problema es que en economía hay demasiados supuestos expertos dispuestos a vender su solución a la crisis a todo aquel que les quiera escuchar y, desesperados como estamos, todos anhelamos que alguien nos asegure que estamos en el buen camino, que hay brotes verdes, rayos de esperanza y luz al final del túnel. Por eso los charlatanes hacen su agosto, aunque sepamos que quienes se arrogan el poder de acabar con la crisis no la vieron venir hasta que les estalló en plenas narices.

Venden humo y, además, a buen precio. Como también lo hacen, a su manera, Griñán y Mas. El presidente andaluz resiste, como si de Asterix se tratara, en su reducto rojo frente a la avalacha autonómica de gaviotas peperas. Con la ayuda de IU prometió que haría una política muy diferente a la de Madrid y, por supuesto, nada de recortes.

Ahora, tras décadas de saqueo de las arcas, se ha tenido que rendir a la evidencia y antes que echar mano de la dignidad y presentar su renuncia, ha optado por sacarse de la manga un magnífico plan en el que se suben los impuestos autonómicos, se baja el salario a los funcionarios y hasta se le añade el famoso céntimo sanitario a cada litro de gasolina. Y, por supuesto, la culpa se le cuelga a Rajoy, que para eso es de derechas. Eso sí, mantiene su halo de rebeldía, ese que jalea la progresía patria, y se niega a incrementar el número de alumnos por aula. Algo que, por cierto, Núñez Feijóo anunció que haría hace por lo menos una semana.

Por su parte, Artur Mas, que es de derechas, catalán pero de derechas, también culpa a Rajoy de sus males y le achaca la responsabilidad de las medidas adoptadas que, por supuesto, incluyen despidos, cierre de hospitales y desaparición de servicios. Todo por cumplir con el austero presupuesto. Y es que, puestos a elegir, se queda con sus teles, sus embajadas catalanas y hasta ese bonito helicóptero que usa cuando hay atascos. ¿Y los ciudadanos...?

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