UNA CANCIÓN

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Te doy una canción como un disparo, como un libro, una palabra, una guerrilla...
Como doy el amor


Canta, anda. Si me cantas, me enamoras, me dijiste, pero yo no te canté, porque mi amor no depende de cantarte o no cantarte, y porque tú cantas mucho mejor que yo. Cantaré, te hartarás de escucharme repetir frases como mantras y de oírme hacer ruiditos. Te hartarás de voces de carretera y de largos agudos sostenidos. Por lo de pronto ya he vuelto a sonreír, e incluso a reír sin que me lo tengas que pedir. Por lo de pronto todo son ganancias, sin apenas rastro de lo perdido. Hasta el pelo me ha vuelto a crecer con brío y he vuelto a meditar, como en los viejos tiempos, recuperando poco a poco posturas que creía olvidadas. Ayer volví a cantar el Grace enterito mientras recogía la casa. Hice la cama, fregué el baño y limpié la cocina, y luego en la sala ordené los vinilos. Después me senté a tomar un té y a leer cosas que escribí hace años.
  Mi madre cantaba mucho cuando yo era pequeño, y ese recuerdo imborrable y tan pegado a mí hace que disfrute como un niño cada vez que cantas algo, aunque sólo estés tarareando, aunque no te sepas la canción de cabo a rabo. Tu canción, en cualquier caso, es un regalo sin competencia. Tu canción es un ejercicio de pura resistencia, un grito al viento, una cálida brisa en un otoño que ya nos va sacando los abrigos de los armarios, un beso húmedo y un abrazo largo. Antes se cantaba más y se reía más y eso hay que recuperarlo, existan las dificultades que existan, porque podrán quitárnoslo casi todo, pero ciertas cosas, casi todas sencillas y muy poco valiosas para otras personas, nosotros no las perderemos, y si las perdemos volveremos a por ellas, si quedó alguna por el camino, la recuperaremos, como hicimos con otras tan valiosas como una canción, una mirada o un beso.
Cantar, cantaremos.

UNA CANCIÓN