UN SOCIO INCÓMODO

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Al fin el alto el fuego. Parece que empieza el arreglo en Siria para establecer una paz duradera. Moscú y Washington se han puesto de acuerdo para que comience el diálogo entre las partes implicadas. Se necesita un arreglo urgente, puesto que, además de la tragedia humana, que dicho sea de paso es de grandes dimensiones, el país quedó reducido a escombros.
Lo que ocurrió en Siria no fue una guerra civil, como quieren hacernos creer. Las cosas no fueron exactamente así. Lo que sucedió allí, como dijo la monja Agnés Mariam de la Croix, del monasterio de San Jacobo, fue la guerra de otros (sic) sobre el territorio sirio. La monja acertó de lleno en la definición. En realidad, fueron los “otros”, no el pueblo sirio. Excepto algunos grupos, pequeños, que se oponen a Assad, los demás son de origen foráneo, patrocinados por las monarquías del Golfo y por el aspirante a califa, el señor Erdogan. Ellos fueron los que fabricaron la guerra. Naturalmente, con la complicidad de otros actores. Entre ellos, franceses e ingleses.
El presidente turco –que está liquidando la herencia de Atatürk–  apostó por la destrucción del Estado sirio. Sus trapicheos con Daesh, su chantaje a la EU, su provocación a los rusos, y toda una serie de actos temerarios han puesto a Occidente en un aprieto. El tratado de la OTAN dice en su artículo cinco que una agresión a un país miembro es una agresión a todos, pero eso también presupone que ningún miembro puede actuar por su cuenta. Y menos agredir deliberadamente a otro Estado, como lo está haciendo Turquía. Si Ankara decidió ir por libre no deber esperar que sus amigos de la OTAN vengan a socorrerla. Sobre todo si el enfrentamiento es con Rusia, que puede liquidar al ejército turco en cuestión de horas.
El otomano está siendo un socio incómodo, tanto para Washington como para Bruselas. Aunque la peor parte la lleva Europa. Su “modus operandi” es el de un chantajista profesional. Le está diciendo a la UE, o me dais más dinero o dejo pasar a todos los refugiados. Y, ¿qué hacen en Bruselas? Apaciguarlo. Lo cual es peor, pues se envalentona todavía más. Le dieron 3.000 millones. Aunque no se conformó con esa suma, ahora quiere 9.000 millones. Pero, ¿qué podemos esperar de una Europa de miedosos e incompetentes?. Los que la dirigen sólo están interesados en su bienestar personal, lo demás les trae al pairo. 
Algunos opinan que Turquía debería ser expulsada de la OTAN. Sin embargo, el problema es más complejo de lo que parece. El país otomano, desde el punto de vista de la Alianza, es de vital importancia en el flanco sur. Por otro lado, si llegaran a expulsarla, el señor Erdorgan no dudaría en correr a Beijing para aliarse con los chinos. De hecho, ya hizo sus “piruetas” con ellos, incluso con los rusos. Aunque estos últimos no se fían de él, y menos después de derribarles un avión. En todo caso, es un individuo peligroso. Su perfil mesiánico puede llevarlo a cometer cualquier locura, sobre todo hacia los rusos. Aunque no hay que olvidar que Turquía está rodeada por varias bases militares rusas. Unas están en Armenia, en la frontera norte turca, y las otras en Siria, en su frontera sur. 
Si Turquía llegara a un enfrentamiento militar con Moscú, la OTAN se vería en una situación complicada. Tanto, que difícilmente podría defenderla. Si lo hiciera, se podría desencadenar la tercera guerra mundial, cosa que nadie en su sano juicio desea. Como decía Albert Einstein, “no sé cómo será la tercera guerra mundial, sólo sé que la cuarta será con lanzas y piedras”. 
Lo de Siria puso muy nervioso al otomano, pues él tenía otros “planes”. Nunca barajó la posibilidad de tener que convivir con un Estado kurdo –independiente o autónomo– en su frontera sur. Y esa posibilidad, dado el giro que están tomando los acontecimientos, se hace cada día más real. Los kurdos ya están abriendo oficinas en Washington, Moscú y Praga, lo cual es muy significativo. ¿Los tolerará de vecinos?, ¿aceptará tener que tragarse esa “píldora”?
Todo parece indicar que el socio otomano está fuera de control, por lo tanto, es  impredecible. Sobre todo peligroso.
Al fin el alto el fuego. Parece que empieza el arreglo en Siria para establecer una paz duradera. Moscú y Washington se han puesto de acuerdo para que comience el diálogo entre las partes implicadas. Se necesita un arreglo urgente, puesto que, además de la tragedia humana, que dicho sea de paso es de grandes dimensiones, el país quedó reducido a escombros.
Lo que ocurrió en Siria no fue una guerra civil, como quieren hacernos creer. Las cosas no fueron exactamente así. Lo que sucedió allí, como dijo la monja Agnés Mariam de la Croix, del monasterio de San Jacobo, fue la guerra de otros (sic) sobre el territorio sirio. La monja acertó de lleno en la definición. En realidad, fueron los “otros”, no el pueblo sirio. Excepto algunos grupos, pequeños, que se oponen a Assad, los demás son de origen foráneo, patrocinados por las monarquías del Golfo y por el aspirante a califa, el señor Erdogan. Ellos fueron los que fabricaron la guerra. Naturalmente, con la complicidad de otros actores. Entre ellos, franceses e ingleses.
El presidente turco –que está liquidando la herencia de Atatürk–  apostó por la destrucción del Estado sirio. Sus trapicheos con Daesh, su chantaje a la EU, su provocación a los rusos, y toda una serie de actos temerarios han puesto a Occidente en un aprieto. El tratado de la OTAN dice en su artículo cinco que una agresión a un país miembro es una agresión a todos, pero eso también presupone que ningún miembro puede actuar por su cuenta. Y menos agredir deliberadamente a otro Estado, como lo está haciendo Turquía. Si Ankara decidió ir por libre no deber esperar que sus amigos de la OTAN vengan a socorrerla. Sobre todo si el enfrentamiento es con Rusia, que puede liquidar al ejército turco en cuestión de horas.
El otomano está siendo un socio incómodo, tanto para Washington como para Bruselas. Aunque la peor parte la lleva Europa. Su “modus operandi” es el de un chantajista profesional. Le está diciendo a la UE, o me dais más dinero o dejo pasar a todos los refugiados. Y, ¿qué hacen en Bruselas? Apaciguarlo. Lo cual es peor, pues se envalentona todavía más. Le dieron 3.000 millones. Aunque no se conformó con esa suma, ahora quiere 9.000 millones. Pero, ¿qué podemos esperar de una Europa de miedosos e incompetentes?. Los que la dirigen sólo están interesados en su bienestar personal, lo demás les trae al pairo. 
Algunos opinan que Turquía debería ser expulsada de la OTAN. Sin embargo, el problema es más complejo de lo que parece. El país otomano, desde el punto de vista de la Alianza, es de vital importancia en el flanco sur. Por otro lado, si llegaran a expulsarla, el señor Erdorgan no dudaría en correr a Beijing para aliarse con los chinos. De hecho, ya hizo sus “piruetas” con ellos, incluso con los rusos. Aunque estos últimos no se fían de él, y menos después de derribarles un avión. En todo caso, es un individuo peligroso. Su perfil mesiánico puede llevarlo a cometer cualquier locura, sobre todo hacia los rusos. Aunque no hay que olvidar que Turquía está rodeada por varias bases militares rusas. Unas están en Armenia, en la frontera norte turca, y las otras en Siria, en su frontera sur. 
Si Turquía llegara a un enfrentamiento militar con Moscú, la OTAN se vería en una situación complicada. Tanto, que difícilmente podría defenderla. Si lo hiciera, se podría desencadenar la tercera guerra mundial, cosa que nadie en su sano juicio desea. Como decía Albert Einstein, “no sé cómo será la tercera guerra mundial, sólo sé que la cuarta será con lanzas y piedras”. 
Lo de Siria puso muy nervioso al otomano, pues él tenía otros “planes”. Nunca barajó la posibilidad de tener que convivir con un Estado kurdo –independiente o autónomo– en su frontera sur. Y esa posibilidad, dado el giro que están tomando los acontecimientos, se hace cada día más real. Los kurdos ya están abriendo oficinas en Washington, Moscú y Praga, lo cual es muy significativo. ¿Los tolerará de vecinos?, ¿aceptará tener que tragarse esa “píldora”?
Todo parece indicar que el socio otomano está fuera de control, por lo tanto, es  impredecible. Sobre todo peligroso.
 

UN SOCIO INCÓMODO