EDUCACIÓN E INSTRUCCIÓN

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En una primera aproximación, podríamos decir que a la persona se la educa y al profesional se le instruye. Ambas ideas se refieren al ser humano y constituyen sendos enfoques sobre su formación, lo que nos permite distinguir el alcance y significado de ambos conceptos.
La educación es la superación del instinto; a los animales irracionales no se les educa ni se les instruye. En algunos casos y, no a todos, se les adiestra o domestica. Sólo el hombre es sujeto de la educación y de la instrucción.
La educación se refiere a la formación integral de la persona, tanto física como intelectual y moral; en cambio, instrucción se aplica a la enseñanza o aprendizaje práctico en el manejo de útiles o maquinaria que requiere determinada especialización. La instrucción consiste en la aplicación práctica de los conocimientos teóricos adquiridos. La educación incide sobre la enseñanza o la docencia; la instrucción pone el acento en la destreza o habilidad práctica del profesional o especialista.
En el lenguaje castrense se usa con más frecuencia el término instrucción. Se habla de instrucción premilitar, hacer la instrucción, período de instrucción o instrucción para el manejo de las armas. No ocurre lo mismo cuando se trata de educación que se aplica a educación física, educación moral o educación para la ciudadanía. En estos casos se omite el término instrucción. Incluso, el antiguo nombre del ministerio como Ministerio de Instrucción Pública fue sustituido hace tiempo por el de Ministerio de Educación.
Lo expuesto nos demuestra por qué, en la actualidad, la crítica a la deficiente formación de nuestra población se califique de fracaso educativo y se pida reformar la educación; pero siempre con olvido de su aplicación práctica. Por eso, el filósofo argentino Mario Bunge considera que “la enseñanza sigue siendo muy dogmática” y que “se enseñan ideas, pero no se enseña a discutirlas” y, nosotros añadiríamos y mucho menos a aplicarlas.
Con las anteriores premisas, se explica que el director del informe PISA critique el método educativo por considerarlo centrado en la adquisición de conocimientos y no en su aplicación. El mismo criterio sostiene el director del Instituto Nacional de Evaluación Educativa, señalando que lo importante “no es lo que se sabe, sino qué saber hacer con lo que se sabe”. Así se explica que los expertos consideren que nuestro sistema educativo es memorístico y no está orientado a la inserción laboral y empresarial.
Teniendo en cuenta lo anterior, parece razonable que exista y se pida una mayor correlación entre la formación y la empresa y que la preparación sea práctica. El propio Ortega y Gasset distinguía el “hombre almacén” y el “hombre fábrica”. De acuerdo con esta distinción, diremos que lo deseable es que el “hombre almacén”, sabio y erudito, que acumula conocimientos se complemente con el “hombre fábrica”, práctico y emprendedor que los pone en marcha y ejecuta.

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