Los nuevos viejos

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Al principio de los tiempos de esta nuestra democracia unas personas de prestigio reconocido, más allá de sus propias fronteras ideológicas, se pusieron manos a la obra para construir los cimientos del sistema que llegaba acompañando la partida del anterior jefe del Estado para rendir culto ante el Altísimo, como él mismo dejó escrito. Todo era nuevo, aunque muchas caras fueran conocidas por su presencia en el régimen de Franco, todos parecían imbuidos de los nuevos aires de libertad y democracia de los que respiraban millones de españoles. 

Hicieron su tarea y, a juzgar por los resultados, fue un buen trabajo. Hoy, más de cuarenta años después, seguimos disfrutando de esa libertad que vio la luz a la sombra de la Constitución que en el año 78 se aprobó por mayoría aplastante en todo el territorio nacional, Cataluña incluida. Aquella clase política de primer orden, fue desapareciendo en el tiempo porque aquellas personas habían labrado su prestigio en sus profesiones, a las que retornaron tras la faena realizada. Entonces empezaron a llegar a la política personas que veían la oportunidad de medrar, sin más méritos que los de ser espabilados y brujulearse por los aparatos de los partidos en búsqueda de acomodo en algún cargo remunerado que colmara sus expectativas. 

Así se acuñó un dicho entre la ciudadanía que acusaba a los nuevos políticos de aplicarse el cambio de las tres “C” tras su llegada a la cosa pública: casa, coche y compañera. Era verdad, en ese nuevo mundo al que se acercaron encontraron la posibilidad de cambiar sus vidas y el esquema se repetía de manera transversal sin entender de partidos ni ideologías, al cambio de las tres “C” se sumaban todos y de todos los colores. Con el tiempo, aquella clase política se instaló en las formaciones políticas y en las instituciones para quedarse. Las cosas fueron a peor y el perfil de los políticos fue bajando en calidad de manera alarmante hasta llegar a la mediocridad que, de forma significativa, ocupa hoy por hoy muchas parcelas de responsabilidad. 

Por supuesto no todos, conozco a políticos de gran talla personal y profesional que se ven obligados a luchar con tanta mediocridad que, a veces, tiran la toalla en favor de los mediocres, para desgracia de todos. Pasados muchos años, unos jóvenes políticos aparecieron de la mano de nuevas formaciones que anunciaban nuevas formas y nuevos tiempos para la política. Qué poco duraron aquellas soflamas. Le llamaron casta a todo lo anterior y prometían tomar el cielo por asalto y recuperar lo mejor de los españoles.

Dos ejemplos, Iglesias y Rivera. Generaron ilusión y consiguieron éxitos, pero al poco sucumbieron al síndrome de las tres “C”. Cambiaron de casa a casoplón, de coche a uno oficial y de compañera y con ello envejecieron cincuenta años en apenas cinco y se convirtieron en la casta que tanto denostaban. 

Los nuevos tiempos en política tendrán que esperar y quizá no lleguen nunca, el efecto moqueta y salario importante parece que tiene efectos “aburguesadores express” y se lleva por delante todas las ilusiones y mentiras que algunos contaron para vendernos sus bondades. Muchos se las compraron, otros menos, pero al final han puesto a todos de acuerdo: solo eran nuevos viejos.

Los nuevos viejos