Medalla de oro para los insecticidas

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Los primeros Juegos Olímpicos de Suramérica se disputarán este verano en Río de Janeiro. Lo normal, a estas alturas, sería hablar de quienes han pasado el corte, qué deportes se van a incluir como novedad o de cuál puede ser el papel de los españoles en Brasil. Sin embargo, teniendo en cuenta las preocupaciones de científicos y deportistas por el virus del zika, es más probable que las noticias acaben saliendo antes en la sección de Sociedad que en la de Deportes.
Un grupo de 170 científicos ha escrito una carta a la Organización Mundial de la Salud (OMS) y al Comité Olímpico Internacional (COI) en la que alerta del peligro de esta enfermedad y en la que recomiendan posponer o, incluso, suspender la cita para no poner en peligro la salud de los atletas y, al mismo tiempo, ralentizar la expansión del virus por todo el planeta. La OMS replica que no está de acuerdo en absoluto, por aquello de que no es posible ponerle puertas al campo y mucho menos si tenemos en cuenta que ya han aparecido casos en, al menos, 60 países, España entre ellos.
El último en salir a alertar sobre el riesgo que puede conllevar la exposición a la enfermedad ha sido Pau Gasol, que se está pensando lo de ir a Brasil muy en serio. El jugador de la NBA cree que la cosa podría pasar del “sueño olímpico” a la “pesadilla sanitaria”. El ala pívot de los Bulls considera que los expertos no están informando como debieran de los riesgos y pone la atención en que este mal no tiene síntomas en cuatro de cada cinco personas e incluso puede seguir transmitiéndose por vía sexual hasta varios meses después de estar curados.
Llama la atención la escasa preocupación que se está teniendo con el zika en comparación con otras alertas de la OMS que se crearon en los últimos años, como pasó, por ejemplo, con la gripe aviar, las vacas locas o la gripe A. En aquellos momentos, no se hablaba de otra cosa y la información, así como un cierto miedo, era algo constante. Aún recuerdo el recibimiento en 2009, tras llegar desde Estados Unidos, en el aeropuerto de Barajas, en donde había que rellenar un formulario de contacto y entregárselo a los funcionarios que esperaban a pie de avión con mascarillas. Aún deben de quedar estanterías repletas de tamiflu, aquel medicamento que se fabricó de forma ingente para poder atajar el virus y que hizo rica a más de una empresa farmacéutica. Lo bueno es que, si regresa la epidemia, tenemos con que atajarla; lo malo es que ya han caducado.
Con el zika, curiosamente, no ha pasado lo mismo. Quizás para no alertar a la población sin motivo, tal y como sucedió en otras ocasiones; quizás para no perjudicar al turismo y a la economía brasileños, a los que la pérdida de los Juegos afectaría como la caída de un meteorito; quizas porque desmontar algo tan complicado como una cita olímpica no puede hacerse con tan poca antelación o quizás porque, al final, la cosa no sea para tanto. Probablemente, una mezcla de todas ellas. En este caso, no hay medicinas ni vacuna, así que el tratamiento es paciencia e hidratación, lo que como nombre científico viene siendo ajo y agua y, como genérico, a joderse y a aguantarse. Teniendo en cuenta que la transmisión se realiza a través de un mosquito, lo más probable es que para estos Juegos la medalla de oro se la lleven los insecticidas.

Medalla de oro para los insecticidas