El mayor evento mundial

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No en balde se los considera como el mayor evento del planeta: 17 jornadas, 832 encuentros deportivos en 37 ubicaciones diferentes, 10.600 deportistas, 85.000 efectivos policiales y militares para garantizar la seguridad, 60.000 voluntarios, 32.000 periodistas, más de 350.000 turistas, y un presupuesto que superará los 4.500 millones de dólares. Todo un espectáculo de primerísimo orden que seguirán por televisión más de 3.500 millones de personas.
Estos son los grandes números de la trigésimo primera edición de los Juegos Olímpicos que en la noche del viernes/sábado último quedaron inaugurados en el mítico estadio Maracaná de Río de Janeiro. Unos Juegos que tanto en su organización como en su puesta a punto han sufrido enormes vicisitudes y cuyo balance habrá que hacer el día 21 cuando se apague la llama olímpica.
De entrada, el presupuesto inicialmente previsto era de 2.500 millones de euros, una cuantía a sufragar por patrocinadores locales (40 por ciento), contribución del Comité Olímpico Internacional (COI, 25 por ciento), venta de entradas (16 por ciento), patrocinios internacionales (12 por ciento), comercialización de licencias y otros (7 por ciento).
Pero tal previsión se verá ampliamente superada. Y eso que Río 2016 será mucho más barato que Londres 2012. Si la organización ya habla de 4.100 millones de dólares, un estudio de la Said Business School (Universidad de Oxford) eleva la cifra a 4.500 millones, a lo que habrá que sumar el coste de la seguridad y las infraestructuras no deportivas, entre otras partidas.
Con todo, sobrepasar en tal medida el presupuesto no deja de ser un problema más para una organización que tuvo y tiene muchos frentes abiertos: el dopaje, la crisis económica y política del país, el zika, la violencia callejera, la amenaza terrorista y la contaminación ambiental, entre otros varios de no pequeña envergadura. Y todo ello, con el estado de Río al borde de la quiebra, lo que ha obligado a la Hacienda central de Brasilia a transferir 800 millones de euros.
Como en otras vísperas similares ha sucedido, expertos económicos y responsables políticos se han preguntado tal vez con mayor razón y preocupación qué quedará de esta Olimpiada. A juicio de la agencia de calificación Moody’s, los Juegos darán a Río mejoras duraderas en infraestructuras y un aumento temporal de los ingresos por impuestos. Pero una vez finalizados –advierte–, el país volverá a la recesión.
Las autoridades brasileñas, evidentemente, no lo ven así. Piensan que los Juegos darán un definitivo empujón hacia arriba y que en consecuencia resultarán rentabilísimos. Habrá que verlo a partir del día 21 cuando, como digo, se apague la llama olímpica y Tokio coja el relevo. Para entonces quedará también el el balance deportivo, que tampoco estará exento de polémicas.

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