FUEGO Y VERANO

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Este verano los incendios se han vuelto a convertir en tristes protagonistas de las noticias. La provincia de Ourense ha sido la más castigada en esta ocasión, aunque toda la geografía gallega se ha vuelto a ver salpicada una vez más por el fuego. El más reciente, el incendio de Cualedro, lleva ya más de tres mil hectáreas arrasadas y tiene el dudoso honor de convertirse en el más virulento de lo que va de verano. Y este no ha sido el único. Viana do Bolo, Manzaneda y Cudeiro son los sitios que más recientemente se han unido a una lista que ya es demasiado larga y que no puede más que hacernos sentir impotentes ante una realidad que arrasa con nuestros montes de nuevo. Y con todo esto sucediendo, el pasado domingo se concentraron quinientos bomberos de Medio Rural en la Praza de Obradoiro, en Santiago. Allí exigían a la Xunta de Galicia que mejorase sus condiciones de trabajo. Los representantes de los trabajadores se quejaban de que los equipos de extinción con los que tienen que trabajar son antiguos y obsoletos, y le solicitaban a la Xunta una inversión para mejorar sus medios técnicos y poder de esta forma enfrentarse de una forma más eficaz contra los incendios. El patrimonio natural de Galicia es de una riqueza incomparable. Nuestros montes está llenos de vida y suponen un pulmón que en estos tiempos no podemos permitirnos el lujo de poner en riesgo. Pero algo hay que lleva a que año tras año nos tengamos que enfrentar con ese azote que son los incendios forestales de los cuales una inmensa mayoría se sabe que son provocados. Y los culpables nunca son encontrados.  En estos tiempos que corre donde parece que todos estamos más controlados que nunca, nada parece más sencillo que prenderle fuego a un monte. Por eso me parece bien que se exija la mejora de las condiciones de los equipos que trabajan en su extinción, pero creo que debería darse del mismo modo un paso más en el camino de la prevención. Están muy bien las campañas de sensibilización, porque es indudable que es necesaria la educación y concienciación. Sin embargo me parece que habría que poner en marcha algún otro mecanismo de control. Es cierto que es mucho el terreno que hay que cubrir, pero tampoco estaría de más buscar algún tipo de solución que impida que luego nos tengamos que lamentar por las hectáreas carbonizadas.
 

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