LAS VENUS DE OMAR

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Recientemente, el pintor y grabador Omar Kessel exponía en Os Muíños de Culleredo y ahora lo hace en Betanzos, mostrando su exultante visión del universo femenino: mujeres poderosas de amplias caderas y senos rotundos que expresan toda la fuerza pánica y genetriz del trópico, toda la dulce voluptuosidad de su Cuba natal, toda la generosidad entregada de la hermosa negritud; carnaciones rubenianas, formas que recuerdan a las antiguas diosas de la fecundidad, como la Venus de Willendorf, presididas por otra diosa popular de Cuba: la Virgen de la Caridad del Cobre.

Y así canta, como lo hace el bolero: “Mira que eres linda, qué preciosa eres...”, a la belleza barroca, tan bien representada por el verbo espléndido y feraz de Lezama Lima, al que también recuerda en el cuadro “Ella Y lezama” y tan alejada de los cánones asténicos a que nos tienen acostumbrados las pasarelas de la moda actual.

Surgen estas mujeres, como no podía dejar de ser, de la noche profunda, que es tanto como decir de la hondura de la tierra, y surgen para iluminarla, como lo hacen los frutos que portan en sus manos, para llenarla de vitalidad, de esperanza, de creación, de luz rosada. Son mujeres simiente y mujeres fruto, mujeres que ofrecen las uvas de la embriaguez y mujeres también que portan alas angélicas y, pese a su peso, invitan a volar, a seguir las curvas del giro de las aves o a enredarse en las ligeras lianas que tejen a su alrededor las manos que las desean.

Oferentes, en espera, como los surcos de la madre tierra, ellas son también el símbolo de la Gran Madre que acoge, alimenta y da placer. Pensamos que en estas obras, tan de raíz, tan vividas hasta la entraña, tan evocadoras de su mundo original, Omar Kessel alcanza su plenitud de creador y demuestra su maestría de dibujante y de pintor, abundando en el tema del eterno femenino, de la mujer como musa inspiradora del artista, y añadiendo su particular aportación a la historia del arte, que está llena de notables ejemplos, desde las Venus griegas, renacentistas o velazqueñas hasta la Maja desnuda de Goya.

O. Kessel trata este tema del desnudo femenino, pero para sobrepasarlo y salirse del arquetipo y crear su propia Ofelia, ya no delicada y blanca, sino oscura y opulenta como la tierra. Así, –como dice Julián Carrillo–, “la barroca sensualidad de las formas y el abigarramiento cromático se manifiestan y desarrollan voluptuosamente”.

LAS VENUS DE OMAR