IGUAL

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Poco tiempo, o más bien ninguno, es el que aportan cien días. Imposible, en cualquier gobierno, constatar mínimos de evolución, de cambio, que avalen o justifiquen lo último con respecto a quien o quienes con anterioridad ostentasen tal responabilidad. Las palabras son en cualquier caso ciegas, más fruto del cerúmen cerebral que de la lógica partidista, que siempre debería presumirse dotada de un mínimo de inteligencia. No es así. Se equiparan los poco más de tres meses de gestión con la labor de los cuatro años anteriores, de igual modo que se sigue depositando todos los males de este país en cuanto le precedió, incluida la Guerra Civil por poner un ejemplo. Somos lo que nos han dejado ser, aun cuando lo que desemos no vaya con nosotros. Da igual si se hace bien o mal, si aporta soluciones o estanca proyectos. Opinamos en ocasiones sobre la mentira y nos cerramos a la razón. Seguimos por ese motivo, en este terruño, igual que siempre.

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