Una bestia llamada Bullying

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uando nos tienen que dar una buena noticia y una mala, nos ponen en la tesitura de preguntarnos cual queremos escuchar primero. Yo siempre quiero escuchar primero la mala y esto me ha sucedió hoy con el informe de la Fundación Anar y la Fundación Mutua Madrileña. La mala es que el acoso escolar se manifiesta ya en menores de siete años y la buena es que aumentaron en un 87% las denuncias.
Se percibe que una de cada cuatro las realizan los niños y adolescentes, las restantes las madres. 
Ciertamente este gran repunte nos indica que la mejor manera de hacerle frente es la rebelión, pero no llevada al extremo del significado en sí de la palabra que nos puede llevar a confusión e imaginarnos una revuelta o en el peor de los casos una guerra. Sé que estoy exagerando pero esta rebelión, es necesaria, alentadora y debe apoyarse por todos los cauces posibles y empleando todas las armas. Las armas en este caso no son de fuego, no matan, pero pueden ser aniquiladoras si se utilizan sin demora. 
La primera arma es el dialogo en el ámbito familiar. Enviamos a nuestros hijos a los colegios para que se formen y sean personas con principios y valores. Del estudio se deduce que las madres son las que denuncian. En ellas explícitamente recae esta responsabilidad de detectar lo que sucede al hijo, ya que no se emplea la palabra “padres”. Esta circunstancia también debiera analizarse, pero la dejaré para otro artículo.
La segunda arma es la concienciación en los colegios. El peso mayoritario debieran llevarlo los profesores, pero sería injusto adjudicarles toda la responsabilidad, si tenemos en cuenta que la gran mayoría de las actuaciones de los acosadores se producen a “escondidas” de los demás y especialmente de los docentes. Pero instaurar charlas, trabajos en equipo, abordar el tema sin tapujos, estar alerta y ser los primeros en tomar medidas sería un buen comienzo.
La tercera arma es el apoyo social al que sufre esta situación. Se debe producir urgentemente una catástasis en la sociedad, pues partiendo desde el principio básico de que los niños son esponjas que absorben todo, debiéramos plantearnos seriamente nuestra conducta en la vida cotidiana. La sociedad por medio de la publicidad nos marca unas pautas de belleza donde se discrimina a las personas bajas, gordas, carentes de medios económicos y nos incita al consumismo compulsivo de grandes firmas. Todos queremos ser “mas” que el vecino, que el compañero de trabajo. Todos debemos tener los mismos gustos, aficiones, las mismas tendencias sexuales y no tener defectos físicos. Esto lo llevamos al hogar y por efecto dominó los niños al colegio. La competitividad, los que no entran en esos cánones de sociedad perfecta, son las victimas idóneas. Aislamos de nuestras vidas a las personas que no se encuentran dentro de nuestra “misma escala y posición social”. Si los mayores proyectamos esos prejuicios. ¿Qué esperamos del comportamiento de nuestros hijos? Cuantas veces hemos dicho: “Me he cruzado con Maruja y está hecha una foca.” “Mi nuevo compañero de trabajo es maricón.” Los vecinos son sudacas, así como no va haber paro”.
La cuarta arma y quizás la “madre de todas las bombas”, para esta lucha es la prevención.
Para los padres detectar los cambios que se producen en los hijos es vital. Se debe preguntar, observar cualquier cambio de conducta, la apatía para ir al colegio, las excusas, el cambio de carácter. También inyectarle autoestima, valores, la capacidad de ser valiente y aunque suene repetitiva, ampliar la frase típica de: “Qué tal en el cole? Y si el niño responde “Bien” leer entre líneas. Nuestra preocupación no debe limitarse a: ¿Tienes deberes? ¿Qué nota sacaste en el examen? Debemos buscar cualquier indicio y como dije anteriormente, hablar sin tapujos del tema. Preguntarle si él es víctima de acoso. Si algún compañero lo padece. Que sientan desde su hogar que la preocupación no es solo sacar mejores notas que el vecino.
También la prevención debe extenderse a los centros escolares, con programas de evaluación de casos de acoso, con grupos, charlas, trabajos en equipo tratando este tema y no estaría mal volver a la asignatura de Ciudadanía y valores. Se deben utilizar todos los medios disponibles, ya que como bien sabemos el acoso continua después de las clases gracias a la tecnología que permiten su difusión por internet. Se debe buscar contrarrestar con las mismas armas, utilizando videos, poemas, lecturas, debates, campañas de Tv para propiciar la prevención, concienciación y denuncia. Y sobre todo la integración de alumnos que el profesor “perciba” aislamiento. 
Nos debe preocupar y mucho, no solo la víctima sino el que ejerce de “verdugo” y se resume en esta cita espeluznante que nos debe hacer pensar:
Los niños que ejercen de matones en la escuela repiten a lo largo de su vida comportamiento de acoso sea en el ámbito familiar, sea en el laboral. En algunos casos los acosadores se convierten en personas violentas o delincuentes; en otros seguirán teniendo actitudes de acoso.
 David Farrington: El acoso escolar es por tanto, un problema global de toda la sociedad.  Es un monstruo que se alimenta con la indiferencia, la pasividad, el silencio, la cobardía, el miedo, el desconocimiento, la rabia, la brutalidad, el sufrimiento y las lágrimas.
Los niños y adolescentes que lo padecen deben tener la certeza de que no están solos para ganar esta guerra. Su rebelión es contarlo y sus aliados deben ser los compañeros que con su actitud apoyándolos, rodeen con sus escudos de “basta ya” al acosador. Mirar para otro lado es el alimento que hace crecer a esta bestia. 
“El problema del acoso escolar suele estar oculto... el que más nos cuesta en los casos de matonismo es combatir la ley del silencio”. Carie Mata
 

Una bestia llamada Bullying