El muy productivo negocio de amasar

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Los Montesco y los Capuleto no eran dos familias bien avenidas y así acabaron como acabaron. Los Pujolone y los Ferrusolone se dieron cuenta de que son más productivas las buenas relaciones y sus lazos nunca dejaron de estrecharse. Pese a su aspecto de miembros de una orden religiosa –don Jordi, haría un buen mosén de pueblo y doña Marta pasaría por una abadesa con sandalias– eran panaderos; lo suyo era amasar y amasar –dinero– para llevárselo calentito a la montañosa Andorra. Los investigadores acaban de descubrir 1,8 millones ingresados en efectivo y de origen desconocido. Pues sí que da pasta la chapata.

El muy productivo negocio de amasar