Había una vez

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Si en un circo no hay payasos falta algo. Si en un juicio no declara  Rajoy como testigo, también. Aunque en la sentencia del caso Gürtel, el tribunal  cuestionó su credibilidad como testigo. Fuera por haches o por jotas, y al margen de credibilidades, en el juicio al “peocés”, el nacho dijo algo así: “Si hubo violencia de la policía, la culpa la tuvieron los otros”. Acojonante; sí señor. Por ese razonamiento suyo, si hay agresiones sexuales y violaciones, la culpa la tienen las mujeres y los monaguillos, que van por ahí provocando con minifaldas y sotanillas rojas, luciendo su palmito. Este testimonio de Rajoy, aparte de que se recoja en la sala, debería ser grabado en una placa de bronce de cincuenta kilos, atársela a las pelotas, y condenarlo a llevarla a rastro  hasta Cataluña, cuesta arriba. Esta es la condena que yo le pondría si fuera juez. Afortunadamente, para él y para mí, no soy juez ni voy a hacer oposiciones a tal. Otra cosa es lo que dicte, si dicta algo al respecto, el juez Marchena.

Había una vez