El pensador, ayer y hoy

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La hermosa escultura que Rodin hizo para su puerta del infierno no solo es el hombre que piensa sino el hombre que recuerda. Como nos sucede a cuantos pateamos este maravilloso y pícaro mundo. Me lo recuerdan fieles lectores, nacidos más de su cariño que de mi mérito. Me piden que aluda a otros tiempos y al sentido familiar actual; que compre y compare y si encuentro algo mejor me devuelven el dinero. El primer personaje que sale al encuentro es la tía solterona existente en todos los hogares, porque quienes la habían ofrecido como pareja no le satisfacían y a otros no había llegado. Ella –cordial, solícita, sacrificada– coparticipaba de los éxitos y fracasos generados baja aquel techo. En el lar caliente con cocina bilbaína contaba sucesos reales, cuentos y narraciones de aparecidos y después nos arropaba en la cama. 
Aquellas familias eran más míseras –carbón, leña, poca energía eléctrica y agua escasa–, pero dudo que fuesen más infelices. No digo que fuesen mejores, pero sí distintas. Niños por doquier. Siempre con amigos. Bullicio, frenesí, jarana. Aunque se jugara el fútbol con pelota de trapo o un simple aro y su corredera podrían rivalizar con esas tablas rodadas que amenazan nuestra integridad. Nadie discutía la autoridad paterna, incluso algunos lo trataban de usted. Sequedad aparente, pues vivían entregados por completo a la prole y a la madre carismática que todo atendía. Relaciones fraternales con las peleas inevitables de la convivencia para medidas por responsabilidad, trabajo y esfuerzo.
Hoy hemos dado un salto al vacío. La liberación femenina y normas del derecho positivo han dado en matrimonios sin papeles y descenso vertiginoso de natalidad, que no está dispuesta a sacrificarse –carpe diem– esperando la invasión de los nuevos bárbaros que poblarán la tierra… Sin embargon no juzguemos. La vida de la pareja es tan respetable como si estuviera atada por mil ceremonias y contratos.

El pensador, ayer y hoy