Draghi el egipcio

|

Desde que Mario Draghi se hizo cargo de la pirámide del BCE, se ha vuelto más egipcio que el mismísimo Ramsés II. Todo el puñetero día anda de perfil, con un brazo rectángulo para arriba y por delante, el otro para abajo y por detrás, y el culo pegado a la pared piramidal. 
No es que tenga miedo a que alguien le meta un euro por la raja del susodicho, sino porque, a pesar de ser tan poderoso como Amón Ra, es más prudente que la Esfinge. Basta que el nacho diga algo para que todo el mundo se despepite y ocurran milagros. El último: ante el inminente peligro de deflación dijo: “Si es necesario, el consejo está preparado para intervenir”. Na más. La tierra tembló, los mares se abrieron, el euro se devaluó, y las bolsas europeas subieron como la espuma. Ni Moisés consiguió tanto con catorce golpes de su bastón. Ni siquiera cuando con tres sacó agua de una roca, en el puto desierto del Sinaí. O el que fuera. 

 

Draghi el egipcio