Ferrol, política y liderazgo

|

La escuela de la vida nos enseña, entre otras muchas lecciones, que el progreso y bienestar de cualquier tipo de agrupación, sociedad, equipo deportivo,  familia, la empresa, la ciudad, el país y la propia persona como ente individual siempre tiene una base fundamental: el liderazgo.
La historia universal está llena de ejemplos en todos los campos de actividad y en todas las partes del planeta.
Un famoso escritor recordaba recientemente una afirmación muy española: “que buen vasallo seria si tuviera buen señor”. 
Si aplicamos este principio a las ciudades gallegas veremos que las más prósperas tienen ese denominador común llamado líder en la persona de su respectivo alcalde, independientemente del signo político que defienda.
Vigo es un ejemplo actual de alguien que ha logrado unión y fuerza para luchar y reivindicar lo suyo, que ha logrado orgullo de pertenencia –estemos de acuerdo o no en sus ideas y sus formas–.
En la mente de todos está el carismático alcalde líder que ha cambiado y llevado a La Coruña a la situación actual. Pocos comentarios son necesarios a este respecto. 
La trasformación de Pontevedra en el modelo actual de sostenibilidad y urbanismo tiene nombre y apellidos.
Santiago tiene la fortuna de contar sus líderes como tantos presidentes de la Xunta han pasado por San Caetano, todos han ejercido como el mejor alcalde a la hora de atraer inversiones. Cualquiera puede ver que todos ellos han empujado a la capital hacia el progreso y bienestar, sin reparar en gastos, inversiones y en algún caso en excesos como la Ciudad de la Cultura.
Ser alcalde, es sentir y querer a  su ciudad, requiere una amplitud de miras y saber hacer, que solo se adquiere con la experiencia de haber conducido y desarrollado proyectos más allá de la cómoda gestión del día a día. Requiere escuchar a todos y velar por los intereses de todos.
Un buen alcalde es el líder que se caracteriza por tener ambición, creer en su proyecto, en este caso su ciudad y saber atraer  inversión y en consecuencia trabajo y estabilidad.  
Ferrol,  ha destacado como  cuna de grandes líderes, pero también es cierto, al frente de proyectos desarrollados siempre más allá de Las Pías.
Leía poco tiempo atrás las declaraciones de un ex político sobre el asunto: el mayor problema que tenemos es que nunca hubo un líder en Ferrol. Yo matizaría que nuca hubo un líder para el proyecto Ferrol.
Si bien es cierto que es prácticamente imposible desarrollar un proyecto de futuro en una sola legislatura –por aquí nadie ha repetido– está claro que tampoco es cuestión de ideas políticas    -por aquí han pasado  todos-
Nadie puede dudar,  todos estamos  de acuerdo y así lo afirman los políticos, en que vivimos en una situación de emergencia comparados con el resto de ciudades gallegas, atendiendo a estadísticas de paro, población ocupada, envejecimiento, renta o falta de servicios.
A la hora de elecciones –esos mismos políticos– provinciales, autonómicos y estatales, se cansan de recordar la situación y prometer soluciones que jamás se llegan a cumplir.
La ciudad continua careciendo de servicios administrativos que funcionan desde hace años en el resto, como Juzgados de lo mercantil y de familia, sección de Audiencia Provincial, policía autonómica y lo que es peor perdiendo otros como la sala del 091 policial sin que nadie alce la voz. 
¿Dónde están nuestros representantes políticos a la hora de buscar soluciones ante la pérdida de la Cámara de Comercio o la decana Feria de Muestras de Galicia?
Es hora de preguntar si realmente tenemos al timón de la nave a  un verdadero líder que defienda lo nuestro e insista en materializar promesas que nunca llegan. Insista en el seguimiento y cumplimiento con  verdadero interés para que esta ciudad salga de una vez de una crisis endémica. 
Un verdadero líder que sienta su ciudad y haga valer el peso de la  misma en su partido y en las correspondientes administraciones.
La esperpéntica actual situación del ferrocarril que “pretende” comunicar la ciudad con el resto, hablando tanto del Eje atlántico, la conexión con la meseta y la vía estrecha del Norte; la no menos kafkiana situación del desarrollo urbanístico derivado del “imposible” acuerdo con Defensa, la suspensión de la tantas veces confirmada remodelación de la Avenida de As Pías, la inacabada rehabilitación del vetusto cuartel de la Guardia Civil; son ejemplos entre otros muchos, de que seguimos “exportando” liderazgo mientras lo necesitamos aquí como agua de mayo.   
 

Ferrol, política y liderazgo