Mariconadas

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Decir que la situación crítica en la que ha quedado la siderúrgica naronesa Megasa es debido a “la competencia desleal de otra empresa que produce más barato” es decir poco; la situación de competencia desleal la provoca conscientemente el Estado a través de su Ministerio de Industria al legislar de tal guisa que favorece a una determinada fábrica que en un momento determinado se encuentra al borde del precipicio financiero, colocándola en una situación de cuasimonopolio para que pueda saldar sus deudas y así salvar no la factoría ni los empleos sino a su banca acreedora.
Y lo hace a sabiendas de que colocaría fuera del mercado a la industria concurrente porque así se lo advirtió severamente la Comisión Nacional de la Energía; en el caso que nos ocupa, Megasa, una fábrica modélica.
Una de las primeras reacciones oficiales fué la del alcalde de Ferrol quien, así como quitándole hierro al asunto, dejó caer que tal vez a los dueños les venía bien cerrar y llevarse todo a Portugal (donde ciertamente gozan de la más alta consideración, son mimados y harán todo lo posible para que sigan invirtiendo). Bien; curiosas declaraciones de quien dirige los destinos de la ciudad, en absoluto ajenos a la fortaleza industrial  del signo que sea que haya en la comarca y, por ende, a la de Megasa.
Pero si estupefactantes fueron las declaraciones de este alcalde, no lo son menos las acciones dirigidas por los sindicatos, que vienen siendo los mismos que han batido en el corazón de la empresa con especial virulencia en el último lustro. Todavía hoy quedan denuncias pendientes de resolución por modificación de horarios y amenazas de hacerlo por subcontratar la carga de camiones. Se provocaron huelgas y conflictos; hubo presiones y desmanes, se cruzaron líneas que hasta entonces estuvieron bien delimitadas y siempre habían sido respetadas.
Vecinos de Neda y Narón aún llaman hoy a la policía  cuando sale un poco de humo de más (humo blanco=vapor de agua...) y en la retina aún perdura la imagen de diputad@s que ahora resaltan en su habitual tono tremendista fin-del-mundo la importancia de la empresa y exixen medidas urxentes, fotografiándose mientras aseguraban que la escoria utilizada en el relleno contaminaría la ría.
Después de estar haciendo grandes esfuerzos por cabrear al patrón y que aún a propósito del último convenio alguien del Comité profería que “se ten que pechar, que peche”, negándose a aceptar negociaciones sobre horarios que permitiesen la adaptación a una interrumpibilidad en determinadas condiciones y una cierta contención salarial por efecto de la crisis y los bajísimos beneficios, ahora andan defendiendo la empresa por Galicia adelante. ¿Defendiendo la empresa o paripeando para, en caso de cierre, quedar como víctimas del asunto?
Con estos antecedentes Megasa, hiperinspeccionada por la Xunta, que cuenta con su depuradora de aguas (¿quién más la tiene en la Ría...?), sus derechos de emisión comprados y los certificados de calidad y medioambientales exigidos, cumplimentados, tendría derecho a localizarse donde salarios, ayudas gubernamentales y menor conflictividad laboral le sea favorable. ¿O acaso sólo van a poder deslocalizar la producción y buscar la excelencia en tiempos de crisis las empresas francesas, indias o americanas? Si no sabemos proteger y mimar a nuestras empresas más señeras para que se queden y produzcan riqueza aquí, no es culpa del empresario. Será nuestra torpeza; de políticos y sindicatos principalmente.
Por tanto, entre quienes ayer andaban de copas y colegueo por Santiago y hoy, además, son coyunturales presidentes autonómico y de la nación, es imperdonable que dilapiden el tiempo favoreciendo comisiones para instar modificaciones y bla, bla, bla...
Los alcaldes, con los del P.P. a la cabeza agarrados “por allí” y urgidos por el pueblo, que se planten ya ante Feijoo y que le insten sin demora a emular al Alcalde de Nueva Orleans quien en 2005 y tras el paso del devastador huracán Katrina, enfurecido, de pie ante su mesa de despacho, por teléfono y en directo ante las radios y televisiones del mundo, exigió al gobierno norteamericano y al Presidente Bush que “movieran el culo”. Y los sindicatos y la otra que se dejen de mariconadas y se queden tranquiliños en casa.

 

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