PIETR PISKOZUB

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Tenía nombre y apellido -–no fue sólo torpeza por mi parte el tardar bastante en encontrarlos–, era polaco y se ha muerto de hambre en España, sobre un banco de madera, pesando treinta kilos, a los 23 años.
Me aterra nuestra probada disponibilidad para asumir todo tipo de desastres “naturales”; la vergüenza Lampedusa, p.e., o ésta, no menor precisamente. Yo mismo, durante largos minutos, consideré escribir sobre ello una especie de “pérdida de tiempo”… Mejor esperar el siguiente experimento sobre nuestra capacidad de aguante ante el dolor ajeno, nuestras reservas de solidaridad disponibles, nuestra posibilidad de organización frente al abuso… “Repetid conmigo –grita nuestra esquizofrenia programada–: la muerte del tal Pedro, un jinete polaco de su propio apocalipsis, portador de un alta hospitalaria, huésped en un refugio municipal, no fue culpa de nadie… En todo caso, suya: ¿qué hacía aquí?, ¿quién le había dado vela en este entierro…?”. No hace tanto, escuché decir, entre sorbo y sorbo de café, que  son tiempos de caridad bien entendida: “¿No pretenderás que les demos de comer a todos o los llevemos a vivir a nuestras casas…?”.
Se me puso un nudo furioso en la garganta. Lo que pretendo es que nuestras autoridades se reúnan con el resto de gobiernos –siglas sobran, y organismos, y encuentros que no sean para hacerse cada vez más poderosos, a costa de la miseria del más débil– y encuentren soluciones a este estado permanente de catástrofe, cuyo origen y causas –el Capitalismo salvaje– sus responsables y beneficiarios procuran se mantengan en la sombra, no vaya a ser que algún tribunal internacional pueda exigirles algún día que restituyan  lo robado, manu militari, a todos esos pueblos, muriéndose de hambre, sin hipérbole posible, a lo largo y ancho del planeta.
Pedro el Polaco se ha venido abajo, ello medido a partir de su infierno cotidiano. En paralelo, Lampedusa, durante unas breves fechas, dejará de asociarse a “Il Gattopardo”… ¿Y luego, qué…? ¿Qué hacer por no mancharse con toda esta ignominia?
“De nosotros depende…”,  escribiera el poeta.

 

PIETR PISKOZUB